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La Intervención Francesa

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Zaragoza, la defensa de puebla

Mensaje por Mr Raton el Julio 23rd 2009, 22:41

Saludos. Con orgullo presento un estudio que me tomó casi ocho meses en terminar, sobre la Intervención Francesa en México. Espero os agrade

¡¡ZARAGOZA!!: LA DEFENSA DE PUEBLA

Una de las más grandes batallas que haya librado nuestro país, tuvo lugar en la tres veces Heroica Ciudad de Puebla de Zaragoza. De ella, como veremos posteriormente, destacaron grandiosas personas que se convirtieron en héroes nacionales. La Batalla del Cinco de Mayo nos recuerda que alguna vez, hace ya muchos años, fuimos capaces de, aunque sólo fuera por una ocasión, vencer al más fuerte del mundo. La que sigue es una historia digna de novela, la historia de unos indígenas que, con coraje y valor lucharon contra el entonces ejército más poderoso del mundo, y mejor aún, lo venció; la historia de un grupo de hombres de pueblo armados que no tuvo reparo en defender la milenaria tierra de Cuahutémoc, sus hogares y su libertad, tan necesitada de victorias militares sobre alguna potencia extranjera. Francia fue quien levantó la mano. De esta historia se desprenden nombres como los de Negrete, Díaz, Berriózabal y La Madrid, comandados por el inolvidable General Ignacio Zaragoza, a cuya memoria Puebla rinde homenaje incluyendo el histórico apellido en el nombre oficial de la ciudad.

Cuando Benito Juárez tomó el poder, los mexicanos habían sufrido más de medio siglo de conflictos políticos y guerras casi constantes. Casi todas las familias estaban de luto y disfrutar de un periodo de paz era el más caro de sus anhelos. Pero, por desgracia, aún les aguardaban varios años más de acontecimientos sangrientos. El país estaba en total bancarrota, y no podía hacer frente ni a las necesidades más urgentes, tras lo cual Juárez siguió con su política austera al rebajar más los sueldos de los funcionarios del Estado. Pero aún se necesitaba dinero. Por esa causa, el 17 de julio de 1861, el presidente Juárez expidió un decreto en el que se prorrogaba dos años el pago de la deuda externa. Gran Bretaña, Francia y España protestaron y representantes de los tres gobiernos celebraron la Convención de Londres, donde decidieron exigir el pago por la fuerza de las armas. Desde aquí comenzaron los problemas entre los tres países, ya que si bien se había acordado la llegada conjunta al litoral del Golfo de México, las fuerzas españolas desembarcaron en Veracruz el 17 de diciembre de 1861, sin esperar a sus aliados. Las tropas mexicanas que guardaban la ciudad al mando del Gobernador del Puerto, General La Llave, se replegaron hacia el interior de la República, desoyendo las súplicas de los tenaces veteranos de la Intervención Americana, quienes pedían defender el puerto de las flotas enemigas, desviviéndose y anhelando escuchar una vez más el rugir de los cañones de las Baterías Costeras y la Artillería de San Juan de Ulúa, mientras sus valerosos hijos cargaban, como antaño, a punta de lanza y filo de sable, contra los invasores, rechazando el desembarco. Pero no eran más que sueños imposibles, al menos por el momento. El 9 de enero arribaron los franceses, al mando del Almirante Jurien de la Graviere, mientras que días después hizo su aparición la flota inglesa, dirigida por el Comodoro Dunlop. Como ya se mencionó, el país estaba agotado por la Guerra de Reforma y la Intervención Americana y no podía afrontar más conflictos internacionales. Pero en lugar de ceder, Benito Juárez se mantuvo firme en su resolución de mantener el decreto de suspensión de pagos. La real causa de la retirada de las flotas española e inglesa era que no se podían ver ni en pintura al lado de los franceses. El General Manuel Doblado firmó con Juan Prim, Conde de Reus, comandante en jefe de las fuerzas francesas, los Tratados Preeliminares de La Soledad, el 19 de febrero, aceptándose que las negociaciones comenzarían en Orizaba el 15 de abril. Esto hizo enojar de sobremanera a Dubois de Saligny. Es bien sabido que Mr. Saligny, quien debía llevar las negociaciones por la parte francesa, tuvo serio altercado en Córdoba con Prim, el cual había firmado los Premilitares Tratados de La Soledad. Saligny tuvo el cinismo de desconocer su propia firma que había plasmado en el documento, diciendo textualmente “Lo desfirmo”. Prim y Sir Charles Wyke estuvieron a punto de atravesarle de parte a parte con sus sables, de no ser porque Lorencez, atinadamente, había puesto Infantes de Marina fuera de la sala; era de todos conocido que los franceses querían que hispanos y británicos apoyaran a sus fuerzas al marchar hacia Ciudad de México. Si bien Prim tenía orden de Isabel II de marchar a la Capital si fuera necesario, lo último que quería Wyke era un altercado aún mayor con las crecientes fuerzas mexicanas.

El caso es que el 16 de abril de 1862, Prim escribía a Zaragoza que, no habiéndose puesto de acuerdo los representantes de los tres países, españoles e ingleses aceptarían los términos que Juárez decretara para con la deuda externa y se retirarían de Tehuacán y Córdoba, bases de las fuerzas aliadas, y se reembarcarían de regreso a casa. También puso en alerta a Zaragoza que los franceses comenzarían una invasión hacia la capital de la República.

Después del fracaso de los Tratados Preliminares de La Soledad y el retiro de las flotas española e inglesa tras la escaramuza entre galos e hispanos en Córdoba, el ejército francés, al mando del General Charles Ferdinand Latrille, Conde de Lorencez, sale de Orizaba hacia el oeste. Habían llegado envueltos en laureles de victoria, colgando de sus blasones los nombres de sus triunfos obtenidos en Jena, Marengo, Argelia y Sebastopol, con la insolencia de Lorencez de enviar al Mariscal de Francia, Lannes, “Anunciarle a su Majestad Imperial, Napoleón III, que a partir de este momento y al mando de sus ocho mil hombres, soy dueño de México”. Era un sueño absurdo el de Lorencez querer conquistar un país cinco veces más poblado que Francia con una triste Brigada.

A toda prisa, el gobierno federal de Benito Juárez García organiza el Ejército de Oriente, compuesto de cerca de 10 mil hombres, escaso número para el vasto territorio que deben cubrir. El General Ignacio Zaragoza, hasta entonces Secretario de Guerra y Marina y veterano Húsar durante la Guerra con los Estados Unidos, toma el mando del cuerpo, y se dirige hacia los límites entre Veracruz y Puebla, a fin de reconocer el avance del ejército francés, que ya traba disputa con las tenaces guerrillas veracruzanas, las que no dejan de acosarle.

El 22 de marzo ordena el fusilamiento de Manuel Robles Plezuela, detenido en Toxtepec junto con algunos jefes conservadores, que logran escapar de las tropas del General Arteaga. Acusado de Alta Traición al buscar alianzas con los invasores, Plezuela se niega a creer que la sentencia será ejecutada, ya que piensa que a Arteaga no le convendría darle un mártir a los conservadores. Sin embargo, palidece y su esperanza desaparece cuando se entera que la orden no es de Arteaga, sino de Zaragoza. Fusilado el General Plezuela en un costado de la Iglesia de San Andrés Chalchicomula, los conservadores reúnen tropas en orden de 1,200 hombres cerca de Atlixco.

Por otro lado, un cuerpo del Ejército de Oriente de 4,000 efectivos, con Zaragoza a la cabeza, sale de la Cañada de Ixtapa para cortarle el paso a los franceses. El 28 de abril, en las Cumbres de Acultzingo tiene su primer encuentro con las fuerzas europeas. Zaragoza no pretende disputarle el paso al contrario, sino más bien foguear a sus soldados, faltos de experiencia, y al mismo tiempo causarle algunas pérdidas al enemigo. Las águilas napoleónicas pierden quinientos hombres, mientras las bajas mexicanas ascienden a medio centenar, entre ellos el bravo General Arteaga quien, tras haber barrido una columna francesa y llegado a solo cincuenta pasos de la reserva de Lorencez, ésta hizo fuego sobre la tropa mexicana y Arteaga cae del caballo, herido en la pierna derecha, que más tarde le sería amputada. Cumplida la misión. Zaragoza retorna con sus hombres a Ixtapa. “Pelean bien los franceses” afirma Zaragoza, “Pero los nuestros matan bien”. Sin embargo, aún tiene recelo sobre la real valía de sus tropas en un combate en campo abierto.

El día 2 de mayo, los galos salen de San Agustín del Palmar y llegan a Amozoc. Entre ellos y la capital sólo se encuentra la Ciudad de Puebla de los Ángeles, por donde los franceses esperan pasar entre aplausos y exclamaciones de los opositores de Juárez. Este, sin embargo, ordena que ahí se les presente batalla.

El 3 de mayo Zaragoza arriba a Puebla, dejando a retaguardia de los franceses una Brigada de Caballería, a fin de hostigar al invasor. La mayoría de la población de la clerical Puebla es partidaria a la intervención, y los civiles se encierran en sus casas, mientras los batallones mexicanos desfilan marcialmente entre las desiertas calles de la Angelópolis e ingresan en sus cuarteles. Zaragoza sube a lo alto del cerro de Guadalupe y en un instante tiene ya el plan de batalla que va a seguir para la defensa de la plaza. De inmediato fortifica los reductos que se encuentran en los cerros de Loreto y Guadalupe. La guarnición cuenta tan solo con 6,700 hombres, escasamente armados, y para empeorar las cosas, la mayoría de la población, partidaria a la intervención, se niega a apoyar al ejército mexicano, peligrosamente falto de recursos. Tal es la insolencia de los poblanos que Zaragoza, hombre prudente, exclama desesperado “Que bueno seria quemar Puebla”. Solo lo detiene el hecho que en la “ciudad también hay criaturas inocentes”. El 4 de mayo, los exploradores mexicanos vuelven con noticias de que los conservadores, al mando del General Márquez se disponen a socorrer a los franceses. Zaragoza envía una brigada de dos mil hombres al mando del General Tomas O´Horan a Atlixco, con el fin de detener a Márquez, y se dispone a preparar la pelea. Organiza sus fuerzas para la defensa de la plaza con una Batería de Batalla y dos de Montaña, cubriendo Loreto y Guadalupe con 1,200 hombres, formando a los otros 3,500 en cuatro columnas, con una Batería de Campaña, tres Brigadas de Infantería y una de Caballería. (continua)


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Re: La Intervención Francesa

Mensaje por Mr Raton el Julio 23rd 2009, 22:42

ORDEN DE BATALLA. FUERZAS ARMADAS DE LA REPÚBLICA MEXICANA. EJÉRCITO DE ORIENTE

2a División de Infantería. General Negrete 1,200 soldados.

1a Brigada. (Loreto)

Batallones
-Fijo de Morelia
-Tiradores de Morelia
-Cazadores de Morelia
+1 Batería de Artillería.

2a Brigada. (Guadalupe)

Batallones
-6° de la Guardia Nacional de Puebla (Zacapoaxtlas)
-Mixto de Querétaro
-2° de Línea de Puebla
-6° de Línea de Puebla
+1 Batería de Artillería.

3 Brigadas Independientes de Infantería.

1º Brigada de Infantería. General Berriózabal: 1 082 soldados.

Batallones
-Fijo de Veracruz
-1º Ligero de Toluca
-3° Ligero de Toluca.

2º Brigada de Infantería. General La Madrid: 1 000 soldados.

Batallones
-Reforma
-Rifleros de San Luis
-Zapadores

3º Brigada de Infantería. General Porfirio Díaz: 1 020 soldados.

Batallones
-Patria
-Morelos
-Guerrero
-1º de Línea de Oaxaca
-2º de Línea de Oaxaca.

1 Brigada de Caballería

Brigada de Caballería. General Antonio Álvarez: 550 Jinetes.

-3° Regimiento de Carabineros de Pachuca.
-Escuadrones de Lanceros de Toluca y de Oaxaca.



ORDEN DE BATALLA. REPÚBLICA FRANCESA. FUERZA EXPEDICIONARIA DE LA FRANCIA

Infantería

-99° Batallón de Línea: 1544 Hombres
-2° Regimiento de Zuavos: 1143 soldados
-1º Batallón de Cazadores de Vincennes: 720 soldados
-1º Regimiento de Infantería de Marina: 1280 hombres
-2º Batallón de Fusileros de Infantería de Marina: 480 hombres

Caballería

-3º Escuadrón del 2° Regimiento de Cazadores de África
173 Jinetes

Artillería

-1º Batería del 9° Regimiento de Artillería
-1º Batería del Regimiento de Artillería de Marina


El ala derecha mexicana la cubren las tropas de Oaxaca, junto a los Batallones Patria, Morelos y Guerrero, al mando de Porfirio Díaz.

El sitio de honor, el centro de la línea, lo ocupan Berriózabal y La Madrid, con las tropas del Estado de México y San Luis.

La izquierda se apoya en los cerros de Loreto y Guadalupe, con Negrete a la cabeza de la Segunda División de Infantería.

La artillería sobrante es colocada en los fortines y reductos dentro de Puebla.

A las diez menos tres cuartos de la mañana del 5 de mayo, los franceses aparecen en el horizonte, cruzando fuego con las tenaces Guerrillas de Caballería que se batían en retirada, cuyos bravos jinetes no se repliegan hasta que la batalla gala está formada y lista para avanzar. El combate se inicia cuarto a las doce del medio día. Se rompe el fuego de cañón y la infantería francesa avanza.

Dejando en su campamento una fuerza respetable, en el cuerpo del 99º de Línea, los franceses esquivan el combate a campo raso y desprenden una pequeña guerrilla por su izquierda, al tiempo que mueven por su derecha una gruesa columna de cuatro o cinco mil hombres entre las Haciendas de Amalucan y Los Álamos, avanzando a lo largo del camino e iniciándose la pelea frente a la Garita de Amozoc.

Zaragoza comprendió de inmediato el plan de Lorencez y dio la contraorden conveniente. Berriózabal, con los hijos de Toluca y el Fijo de Veracruz, avanza a Paso Veloz entre las rocas y se sitúa entre la hondonada que divide Loreto y Guadalupe; Antonio Álvarez, con los Carabineros de Pachuca, protege la izquierda de los reductos.

La línea de batalla mexicana forma un ángulo que se extiende desde Guadalupe hasta la Plaza de Román, frente a las posiciones enemigas. Sobre el camino que conecta a la ciudad con la Garita de Amozoc se dispone La Madrid, protegiendo con las tropas potosinas dos piezas de artillería. La derecha la cierra Díaz con la División de Oaxaca y los Lanceros de Toluca y Oaxaca. Los franceses continúan su avance, colocando sus baterías frente a Guadalupe y devuelven el fuego mexicano que nace de aquella posición.

Los zuavos ascienden entre Guadalupe y Los Álamos, perdiéndose de la vista de los fusileros mexicanos. De repente, aparecen frente al Fuerte de Guadalupe, el cual rompe fuego de fusil sobre la columna, que para en seco ante las balas mexicanas. En ese instante, Berriózabal da la bienvenida con bayoneta calada a los zuavos, quienes se retiran en buen orden hasta ponerse fuera de tiro.

Un momento fue suficiente para que repusieran su moral y se lanzaran de nueva cuenta en pos de Guadalupe. Los zuavos, apoyados por el Primero y Segundo Regimiento de Infantería de Marina, se abalanzan sobre la línea mexicana, que los recibe a la bayoneta. Negrete, aquel bravo hijo de tierra azteca, recordando el “Yo tengo patria antes que partido” que ha pronunciado el día anterior, al presentarse frente a Zaragoza y rogándole le dé un mando, al ver a los franceses vacilar frente al fuego de los fortines, grita a todo pulmón a los centenares de indígenas Zacapoaxtlas, del 6º de la Guardia Nacional de Puebla “En el nombre de Dios, ahora nosotros”... Salta del parapeto, carga el valiente cuerpo a Paso Veloz sobre los galos, volviendo caras los soldados franceses ante nuestros humildes indios poblanos armados de machetes, lanzas, hoces y demás instrumentos de labranza, y trabándose fiero combate a fuego y arma blanca, logran nuestras banderas bellos triunfos... La columna francesa es rechazada de Guadalupe y allá en Loreto son contenidas otras columnas asaltantes, mientras las baterías francesas prosiguen su fuego sobre los cerros, muy bien contestado por la artillería mexicana en lo alto de Guadalupe. ¡Los franceses retrocedían otra vez!

En aquel momento, el bravo Coronel Rojo avisa a Álvarez que era tiempo de que la Caballería Mexicana entrara en acción para alcanzar una victoria completa. Cargan sin piedad los Carabineros de Pachuca sobre los restos de la columna, disparando sus carabinas allí donde encuentren enemigos y lanzando terribles mandobles de sable sobre los franceses, quienes se retiran en buen orden a su campo. Pero la fiesta no ha acabado.

A las dos y media de la tarde llega el primer Parte de Guerra (que no mensaje, del cual fue el tercero) a la capital: “Se ha roto el fuego de los dos lados y cae un fuerte aguacero. Zaragoza”. ¡¡Se combatía!! Los capitalinos respiran aliviados. ¡¡Puebla no les había abierto sus puertas!! Pero Zaragoza ya no podría contar con los dos mil hombres que había enviado a Atlixco dos días antes, con los cuales O´Horan batió a los reaccionarios de Márquez, impidiéndoles el pronto auxilio a los franceses; y cómo lamenta el pueblo la explosión ocurrida en la Colecturía de San Andrés Chalchicomula, que privó a Zaragoza de mil trescientos de sus hombres más experimentados.

Lorencez está al borde del infarto al ver rechazada por dos veces a su Infantería de los reductos mexicanos. Se dispone a dar el último asalto, organizando una columna con los Cazadores de Vincennes y el Regimiento de zuavos y dirigiéndola a Guadalupe, mientras pone en marcha una segunda compuesta con los demás cuerpos, excepto el 99º de Línea, reserva; la segunda columna ataca la derecha de la línea de Zaragoza. A esta le salen los Zapadores al mando de La Madrid y se traba un terrible combate a la bayoneta. Una casa situada en la falda del cerro es el objetivo. Los franceses la toman y son desalojados por los Zapadores; la tornan a recobrar y de nuevo son expulsados de ella por las valientes tropas de La Madrid. El Cabo Palomino se mezcla entre los zuavos, se bate cuerpo a cuerpo con el arrogante soldado francés, y se posesiona de su guión como botín de guerra al caer muerto el portaestandarte.

Las nubes se juntaron y Tláloc tomó partido por la causa de sus hijos mortales, soltando un fuerte aguacero sobre el campo lleno de cadáveres, al tiempo que Zaragoza mandaba el parte telegráfico a la Presidencia en Ciudad de México. Zaragoza estaba ansioso. Manda a Paso Veloz al Batallón Reforma en auxilio de los cerros donde Zuavos y Cazadores disputaban la victoria. En Loreto había un cañón de a 68 que causaba enormes estragos en la filas francesas. Los zuavos hacen un empuje desesperado y se abalanzan sobre la pieza. El artillero, sorprendido por la rapidez de la columna gala, tiene en sus manos la bala de cañón que no alcanzó a colocar en la boca de fuego. Aparece frente a él un zuavo, y tras éste, el resto del cuerpo que, una vez apoderados de ese fortín, levantarían la moral francesa y se perdería en un instante la victoria conseguida con tanta sangre mexicana. El artillero, sin decir “Agua va”, arrojó la pesada bala al soldado francés, que herido mortalmente por tamaño golpe en la cabeza, rodó al foso del parapeto. La vista de su compañero cayendo sin vida desmoralizó al resto de los zuavos, que retrocedieron, perseguidos sin cuartel por el Reforma. Lorencez creyó que era todo, pero aún hay más.

Cuando la segunda columna llega a Guadalupe, protegidas por una formidable línea de tiradores, Díaz acude en auxilio de los Rifleros de San Luis, que estaban a punto de ser rodeadas por el contrario. Movió en columna al Batallón Guerrero, a las órdenes de Jiménez, ganándole el terreno a los franceses, trabándose un glorioso combate cuerpo a cuerpo y retrocediendo los asaltantes. En apoyo del Guerrero, que se dejó ir demasiado lejos en persecución, Díaz envió a las tropas de Oaxaca, con los Coroneles Espinoza y Loaeza a la cabeza, dando un impulso formidable a los mexicanos, que expulsaron al enemigo de las cercanías. El éxito alentó a Porfirio, destacó al Morelos con dos piezas de artillería a la izquierda, mientras por la derecha los Rifleros de San Luis se reponían de la escaramuza, antecedidos por una formidable Carga de Lanceros, dirigida por el mismísimo Díaz, que desbarata las filas del enemigo; Díaz quedó dueño del campo y necesitó repetidas órdenes de Zaragoza para regresar a sus posiciones.

En aquéllos momentos las columnas de Lorencez bajan de Guadalupe en completa dispersión, rechazadas en su última intentona y se repliegan a la Hacienda de San José. Lorencez no puede contener el llanto de la derrota, y decide retirarse hacia Amozoc.

El cielo, ya bañado por el Sol Tonatiuh, tras la invaluable ayuda de su hermano Tláloc para con el ejército nacional, inundaba los reductos que no cabían de alegría al ver replegarse a los franceses. ¡Era la locura! Las campanas de la ciudad replicaba al vuelo, el pueblo republicano y las milicias acudían a festejar al teatro del combate, mientras los músicos militares y las bandas de guerra saludaban al ángel de la victoria con su 3 de Diana. Zaragoza, que había permanecido en la Iglesia de Los Remedios, desde donde ha dirigido sabiamente a sus tropas a la victoria, desfiló delante de sus heroicos soldados, causando con su presencia tremenda sensación entre los defensores, bañados en lágrimas al festejar la histórica victoria.

¡¡El pabellón francés, acribillado por Wellington en Waterloo, se había levantado sobre aquella arena ensangrentada y recorrido victoriosamente los campos de Europa. Atravesó los mares del Septentrión para dejar en los altares del Águila Azteca las hojas arrancadas a sus laureles en la más negra de sus derrotas. Al enlutar las Águilas Imperiales el 5 de mayo, aniversario de la muerte de Bonaparte, la ráfaga de la Historia les enviará otro nombre sobre ese monumento que se alza sombrío en el Cuartel de Los Inválidos a orillas del Sena: ¡Zaragoza!... La Bandera Francesa solo se ha retirado en dos ocasiones de un campo de batalla: al retraerse las columnas de Napoleón Bonaparte en el crudo invierno ruso, y en México, tras la gloriosa jornada del 5 de Mayo!!

En Palacio Nacional de Ciudad de México, Juárez y el resto del pueblo pasaban por un trance terrible. No tenían noticias de Puebla y el Gobierno había hecho salir precipitadamente al General Antillón al mando de los Cuerpos de Guanajuato, quedando como guardianes de la Capital sólo dos mil hombres del Regimiento de Coraceros Capitalinos y algunos centenares de milicianos pobremente armados. Si las tropas guanajuatenses se perdían, la Capital caería sin remedio; en aquel acto solemne se jugaba el porvenir de la Patria mexicana. A las 5 y 49 minutos de la tarde volvió a escucharse el sonido del telégrafo de Palacio, atiborrado de gente de todas las clases sociales, y como el empleado que ha transcrito el parte sale corriendo hacia el Ministerio de la Guerra, el pueblo lo sigue a toda prisa. Guardias Presidenciales evitan que la muchedumbre entre al Ministerio, donde Juárez se encuentra en reunión con el gabinete, y la gente ingresa a la Alta Cámara, observando que hasta los Diputados se muerden las uñas de desesperación. Ya se comienza a albergar la terrible sospecha que las tropas mexicanas hubieran sido vencidas por los gachupines franceses y éstos marchen ya hacia la Capital.

Repentinamente, el General Blanco, Ministro de la Guerra, aparece en la tribuna para dar parte de lo acontecido. Toda la gente parecía tener un mismo pulmón, desde el diputado hasta el joven arriero, de pie al fondo de la Cámara.

“Señores, dice el General Blanco, voy a dar lectura a los dos partes que ha recibido el Supremo Gobierno y que el Ciudadano Presidente juzgó oportuno dar a conocer al Pueblo y a la Cámara en una sola sesión”

La ansiedad llegaba a la agonía. Los ojos de aquella muchedumbre parecían salir de sus órbitas. Blanco dio principio al primer mensaje.

“Puebla, Mayo 5 de 1862. –Recibido en Ciudad de México a las cuatro y quince minutos de la tarde- General Ministro de la Guerra – Sobre el Campo a las dos y media – Dos horas y media nos hemos batido – El enemigo ha arrojado multitud de granadas – Las columnas sobre el cerro de Loreto y Guadalupe han sido rechazadas, seguramente atacó con cuatro mil hombres – Todo su impulso fue sobre el cerro – En este momento se retiran las columnas y nuestras fuerzas avanzan sobre ellas. – I. Zaragoza” (continua)


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Re: La Intervención Francesa

Mensaje por Mr Raton el Julio 23rd 2009, 22:45

Un rumor de duda y sobresalto vagó algunos instantes sobre la Cámara. Blanco continuó.

“Puebla, Mayo 5 de 1862. – Puebla a las cinco y cuarenta y nueve minutos de la tarde - General Ministro de la Guerra - Las Armas del Supremo Gobierno se han cubierto de gloria; el enemigo ha hecho esfuerzos supremos por apoderarse del la plaza, que atacó por el oriente de izquierda y derecha durante tres horas; fue rechazado tres veces en completa dispersión y en estos momentos está formando su batalla fuerte de cuatro mil y pico de hombres, frente al cerro de Guadalupe, fuera de tiro. No lo bato como desearía, porque el Gobierno sabe que para ello no tengo fuerza bastante. Calculo la pérdida del enemigo, que llegó hasta los fosos de Guadalupe en su ataque, en 600 y 700 entre muertos y heridos; 400
habremos tenido nosotros.

Sírvase dar cuenta de este parte al Ciudadano Presidente de la República.

Libertad y Reforma. Cuartel General en el Campo de Batalla
General Ignacio Zaragoza.”

Si el anterior mensaje dejó la duda flotando en el aire, éste hizo explotar a la nación de alegría. A excepción de algunos conservadores que lloraron como nunca la derrota en los campos poblanos, la Cámara de Diputados se convirtió en una sucursal del manicomio. Juárez, sus ministros, los diputados y el pueblo común festejaron juntos aquella victoria sobre el invasor. Los vencedores fueron saludados por salvas y 3 de Diana en toda Ciudad de México. La noticia se generalizó como reguero de pólvora. En todos lados se festejaba la hombrada hecha por el Ejército de Oriente. En todos lados, menos en Puebla, que fue recibida como un hecho luctuoso.

Al finalizar la batalla, los franceses contabilizaban 476 muertos y 512 heridos. El Ejército de Oriente perdió 83 hombres, cerca de 250 heridos y 12 desaparecidos. El día 6, ya con los refuerzos de Guanajuato en los fortines, Zaragoza esperaba un nuevo ataque de Lorencez, pero éste, el 8, formó sus trenes y se retiró para San Agustín del Palmar, siendo saludado por la artillería republicana y la Banda de Guerra de los Carabineros, quienes tocaron Escape.

Zaragoza entró por la puerta grande a la historia de México, pero desafortunadamente no pudo seguir defendiendo a la patria. El 5 de septiembre enferma de Tifus en San Agustín del Palmar, donde se encontraba hostigando a los franceses a fin de evitar que se reorganizaran, y el 6 lo trasladan a Puebla. A las once de la mañana comenzó el delirio que con ligeros intervalos acompañó al General hasta sus últimos instantes. Comenzó por pedir sus botas de montar, sus armas y su caballo; como nadie respondiese sus órdenes, se exaltó terriblemente y gritó con toda su fuerza:

“¡Yo tengo una patria a quien defender, necesito sacrificarme por ella!... ¡Mi caballo!... ¡Mis armas!... Ya Coronado (jefe conservador que hacía tres años había muerto en campaña) está en Quecholac, le impediré su incorporación a los franceses, es necesario batirlo... ¡Hola, Señores Generales! Esa tropa lista, esas columnas sobre el campo, esa artillería a sus puestos... ¡La hora ha llegado!... ”

Jadeante de fatiga se dejó caer en los almohadones del lecho y su pensamiento tomó otro giró

“¡Quién lo habría de creer!, el más fiel de mis soldados, Martínez, se ha pasado a los franceses”
El susodicho arrojó el sombrero contra el suelo y dijo llorando

“Aquí estoy, mi General, yo no me separaré nunca de usted”

Pero Zaragoza no lo conocía. Presa de una ansiedad terrible, le dominaba la idea de recorrer su campamento y hacer los preparativos de una próxima batalla. Probó a levantarse. Entonces uno de sus ayudantes se adelantó

“Hay orden de que no se mueva usted, mi General”

“¡Cómo! ¿Estoy prisionero?”

“Sí, mi General”, contestó el ayudante, procurando que así se quedara tranquilo. En ese momento pasa por la calle una guardia tocando marcha. Zaragoza se incorporó del lecho

“Ya vienen a buscarme, dijo con serenidad, me van a fusilar, está bien. Pero cuidado con el que se atreva a tocarme a alguno de mis ayudantes; ¡A ellos no!; dijo con un acento terrible, que de haber estado de verdad en aquella situación, ningún francés osaría poner la mano encima de cualquier allegado a Zaragoza; Pero pronto, continuó, vamos, estoy dispuesto, que el viento y la lluvia me azotan sin compasión... ”

Sus ayudantes lloraban en silencio ante aquella muestra de profundo cariño

Se abrió entonces la puerta de la habitación y entró una anciana que se acercó al lecho del enfermo.

Descubrió el rostro de Zaragoza y dijo con acento de honda ternura

“¡Ignacio!... ¡Ignacio!... ” Zaragoza escuchó aquella voz y se estremeció. En medio del delirio, aquél eco resonaba en su corazón con el timbre de un ángel.

“¡Hijo mío!, continuó la anciana, ¿no me conoces?”

“¡Madre!”, dijo el General, fijando sus inquietas pupilas en el semblante de aquella anciana, en cuyas entrañas había recibido la luz de esa existencia próxima a apagarse.
Aquella pobre madre, sin temor alguno al contagio del Tifus, reclinó su frente en el pecho del General y comenzó a llorar amargamente. Tomó entre sus manos la cabeza de su hijo la besó con ternura, después, estrechó las manos del enfermo con las suyas. Entonces, Zaragoza habló

“Bien, estoy satisfecho, he visto batir a ese cuerpo con una arrogancia digna de los buenos hijos de México... ¿Pero, no he dicho que mis armas?... ¿tendré que repetir cien veces una orden?... ¡Mi caballo!... ¡Mi espada!... ¡El enemigo está a la vista!”

Comenzó una lucha entre el enfermo que quería a toda costa salir del aposento y las personas que le cuidaban. Al fin, en un sobrehumano esfuerzo se levantó, se mantuvo bien firme algunos momentos ante la mirada atónita de la gente dentro del cuarto; más sin embargo quiso avanzar y se desplomó como herido por un rayo.
Los médicos declararon que había entrado en el último periodo de Tifus y que se moría irremisiblemente. Después de algunos debates, un médico alemán opinó por la sangría, la cual fue aplicada sin éxito alguno al General.

“Estoy herido, no vale la pena, gritaba Zaragoza; ¡Aún puedo combatir y pelearé hasta el último momento!”

El día 7 fue peor; el delirio continuaba con más exaltación y no se había logrado ni un intervalo de lucidez ni reposo. Zaragoza no había dormido en toda la noche; aquella agonía estaba pronta a terminar. Amaneció el 8 de septiembre. Zaragoza, que por fin pudo dormir algunas horas, fue acometido del último vértigo que precedió a su muerte. Su espíritu fue arrebatado a los campos de batalla en el espejismo del pensamiento.

“¡Ha sonado el cañón!... ¡General Berriózabal, no hay más que avanzar con esas columnas por el centro!... ¡General Negrete, a forzar la línea izquierda!... ¡Porfirio Díaz, adelante con esos batallones!... Ya... ya avanzan... ellos son... ¿Dónde está el viento que no disipa las nubes de la pólvora para ver a mis soldados?... Oigo el clarín... ¡Fuego!... ¡Fuego!, allí está... ¡Qué hermoso es el estandarte de la Patria!... ¡Cómo lo arrebata el bronce de la metralla!... ¡Un ayudante, un ayudante!... ¡ya se dispersan por la cumbre de Guadalupe!... ¡Victoria!... ¡Victoria!... ¡Patria mía!”

Dejó caer la cabeza y sus ojos se cerraron por unos momentos. Se levantó como impulsado por una fuerza desconocida



“¡Avisen a Carvajal, que está situado en Amozoc, que recoja a los dispersos... ni uno solo, ni uno solo deje pasar!... ¡Adelante!... Se desprenden otra vez como una masa de hierro... las bayonetas lucen a los rayos del sol... ¡Pero ese sol es mío!... ¡Es el sol de mayo!... ¡El sol de los recuerdos y de la victoria!... ¡El sol de la patria!”

Después su voz, hasta entonces timbre armónico, se fue extinguiendo pausadamente

“¡México!... tu nombre está muy alto... ¡en las glorias del mundo!... ahí está el campo lleno de cadáveres... ¡cuántos de mis soldados han desaparecido!... pero la patria... ¡patria mía!”

Se apagó su voz y sus labios comenzaron a moverse como queriendo pronunciar las últimas palabras...
Apareció en sus labios una sonrisa apacible, cruzó por su semblante una nube vaporosa de calma que sombreó el espíritu, sus ojos se cerraron y del fondo de su gallardo pecho se arrancó el último aliento.

¡Zaragoza, ceñido con su laurel de gloría, llamó a las puertas del mundo de los héroes, se detuvo algunos momentos para hablar con dios, y con atrevida planta penetró en el dintel eterno!

Los cañones que saludaron victorioso al héroe del 5 de mayo anunciaron al mundo, desde la cumbre de Guadalupe, con un eco solemne y majestuoso, que el General Zaragoza había dejado de existir. La última palabra de Zaragoza fue Patria

Todos los cabos del Ejército rodearon el lecho mortuorio. Los funerales en Ciudad de México fueron majestuosos. Juárez y el Congreso de la Unión lo declararon Benemérito de la Patria en Grado Heroico. Las banderas de todo el país se pusieron a media asta y adornadas con lazos negros. La artillería se dejaba oír cada cuarto de hora y en el Ejército Republicano se tocaba Funerala. En su honor, Puebla fue renombrada De Zaragoza. El 13 de septiembre se reunió el cotejo fúnebre en las casas consistoriales de la capital, a fin de acompañar a Zaragoza hasta el panteón de San Fernando. Todas las casas estaban decoradas, en arreglos florales, con la leyenda de Zaragoza o 5 de Mayo. En las Embajadas de Perú, Colombia, Argentina y Prusia, las banderas estaban a media asta, saludando al caudillo que guió a México a la victoria sobre el arrogante francés.

El cadáver del General fue bajado en hombros por sus ayudantes y puesto en el carro fúnebre. Cinco Lanceros de Oaxaca abrían el desfile, seguidos de una Batería de Artillería, un Batallón de la Guardia Nacional de Puebla, una columna de Carabineros de Pachuca, mientras otro destacamento de Artillería cerraba la columna militar. La civil era conformada por alumnos de las escuelas y los colegios de la capital, así como del Gobierno Federal y el Ayuntamiento de Ciudad de México. Al féretro de Zaragoza lo rodeaba su Estado Mayor, que avanzaban a paso corto. En San Fernando, Guillermo Prieto redondeó el homenaje con un largo poema. Juárez estaba paupérrimo: había enterrado a cuatro amigos anteriormente, Valle, Degollado y Ocampo, asesinados por los Conservadores; acompañó también a Lerdo de Tejada, autor de la Reforma, poco antes de ingresar a la Presidencia. Ahora enterraba al mejor general republicano en la historia del Ejército Mexicano, que se había mantenido fiel a la Reforma y a la República hasta el fin. Finalizada la intervención de Prieto, las tropas saludaron al fallecido General y bajó a la última morada donde duerme tranquilo el sueño eterno.

Finalmente, Juárez proclamó la dote a la hija de Zaragoza con cien mil pesos, mientras que a sus tías y a la señora madre del difundo con una pensión vitalicia de tres mil pesos anuales, así como el cambio de nombre de Puebla de los Ángeles a Puebla de Zaragoza ¡Honor a quien Honor merece!

Pero Napoleón III quedó en ridículo en Europa ante tamaña derrota. Organizó una fuerza de 50 mil hombres al mando del Mariscal Forey, que en noviembre de 1862 desembarcaron en Veracruz y en febrero 36 mil sitiaron Puebla de Zaragoza.

22 mil hombres, 12 mil de ellos milicianos, al mando del General Jesús González Ortega defendieron la Ciudad de Zaragoza; todos los defensores participantes en la Batalla del 5 de Mayo estaban ahí, firmes en sus posiciones. Todos y cada uno esperando por los franceses. Todos, excepto uno: ¡Zaragoza!

La única falta que cometió Ortega fue la que le costó una dolorosísima derrota al Ejército Nacional: el querer convertir a Puebla en una Plaza Fuerte, sin tener la ciudad las condiciones dignas para ello. El sitio fue duro y encarnizado para ambas partes. Los franceses, con graves pérdidas en oficiales y soldados, tomaron uno por uno de los reductos que la gallarda defensa mexicana vendió a muy alto precio: Independencia, Ingenieros, Santa Anita, Demócrata, Iturbide, San Javier, Loreto, Guadalupe y Zaragoza fueron atacados y tomados cuarto por cuarto, escalón por escalón, hasta pasar de un estado de sitio a pelea callejera, donde se luchaba cuadra por cuadra, casa por casa, de manera que si los franceses ganaban una calle un día, al siguiente los Zapadores los desalojaban y tomaban dos manzanas completas. El 13 de abril, 2 mil jinetes al mando de los generales O’Horan y Riva Palacio rompieron el cerco y se retiraron para Tlaxcala, no sin antes darse el lujo de detenerse en un solar, guardado por el 89º de Línea, cargar brutalmente a punta de lanza y filo de sable, causándole 139 bajas, sin que la fuerza republicana sufriera ningún muerto, a pesar de ir entre la columna soldaderas y las familias de varios oficiales en carretas. Noticias buenas llegaban para los sitiados, pues 8 mil hombres al mando de Comonfort intentarían ingresar un convoy de víveres y pólvora para continuar la defensa, mientras que 12 mil soldados se preparaban en la capital para romper el cerco. Sin embargo, Comonfort fue vencido en San Lorenzo por Bazaine y Márquez, perdiendo 800 hombres, más de mil prisioneros y la mayor parte del convoy. La suerte de la Ciudad de Zaragoza estaba echada.

La ciudad finalmente caería el 18 de mayo de 1863, pero no por derrota militar, sino falto de alimentos y municiones, tras dos meses de cerco. Después de destruir todo material que fuera de utilidad a los invasores, distribuir el tesoro entre las tropas y licenciarlas, González Ortega rindió la Plaza. Cayeron en poder de los franceses 26 Generales, 303 Jefes, 1,179 Oficiales y 11,000 Clases de Tropa, sin ninguna arma más que las personales de los Jefes y Oficiales; pero mas de 2 mil tropas lograron desbandarse y escaparse de las fuerzas francesas. Al ingresar a la ciudad, los franceses observaron con espanto que los republicanos todavía tenían cerca de 10 mil cargas de cañón, pero no se encontró ninguna libra de pólvora.

Los galos tenían ahora vía libre para entrar a la Capital. 30 mil hombres se reunieron para la defensa de Ciudad de México, pero Juárez resolvió, junto a los Generales Blanco y Ramón Corona, que la defensa se haría en el interior del país, a fin de salvaguardar la población civil de la capital, quizá necesaria en otro momento. El 31 de mayo de 1863 el Ejército y la Milicia se dispersaban por todos lados a defender el suelo patrio, llevando consigo una bandera tricolor.

“Sobre aquel estandarte ungido con la sangre de los mártires de la independencia, y en aquellos momentos solemnes, la sombra inmortal de Zaragoza se alzó con sus sudarios, y como el genio poderoso del heroísmo, impuso las manos del soldado mexicano, aquél que humildemente marcha a campaña con su familia, sobre la enseña de la patria y pronunció las misteriosas palabras que resuenan aún proféticas en el mundo del porvenir: In hoc signo vinces”

¡CON ESTE SIGNO VENCERÁS!


¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬
BIBLIOGRAFÍA

-Mateos, Juan A. “El Sol de Mayo. Memorias de la Intervención” Editorial Porrúa, Ciudad de México, 1993

-De Paula De Arrangoiz, Francisco “México desde 1808 hasta 1867”
Editorial Porrúa, Ciudad de México, 1995

-Conte Curti, Egon Caesar, “Maximiliano y Carlota”
Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, 1993

-Secretaría de la Defensa Nacional, “La Defensa de la Plaza de Puebla de Zaragoza en 1863”. Biblioteca del Oficial Mexicano, Ciudad de México, 1984


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Re: La Intervención Francesa

Mensaje por Mr Raton el Julio 23rd 2009, 22:47

me encontre esto en un foro y me intereso,leanlo,el autor de esto es AZCAPOTZALCO, este es el link: [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]


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Re: La Intervención Francesa

Mensaje por Hasso el Julio 24th 2009, 13:58

Excelente recordatorio histórico: honor a Zaragoza.
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Re: La Intervención Francesa

Mensaje por zsiiEn el Julio 24th 2009, 17:19

Neta que lo lei todo, vale la pena, hay muchas cosas que ni sabia sobre La Batalla de Puebla, gracias por haberlo encontrado Raton.
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Re: La Intervención Francesa

Mensaje por Mr Raton el Julio 24th 2009, 17:59

la verdad cuando lo lei me senti muy orgulloso,como dice ahi aunquesea por una vez vencimos al ejercito mas poderoso del mundo Cool no cualquier pais tiene una historia como la nuestra Very Happy ! VIVA MEXICO !
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Re: La Intervención Francesa

Mensaje por Lanceros de Toluca el Julio 27th 2009, 15:07

-Escuadrones de Lanceros de Toluca y de Oaxaca.
Ya saben de donde saque mi nick, amen que vivi en esa ciudad muchos años

Y por cierto, el estado del museo- fuerte de Guadalupe en la actualidad es lamentable, es triste ver el letrero de "MEXICANO; ESTAS PARADO EN UN LUGAR DE HONOR" pintarrajeados de graffiti y rodeados de basura

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Re: La Intervención Francesa

Mensaje por Ing_Joseph el Abril 27th 2011, 20:53

El Ejercito Mexicano 1863 Libro Una Batalla Con Un Grupo De La Legión Extranjera Me Parece Que En Camarón de Tejeda En El Edo De Veracruz, En La Cual El Ejercito Mexicano Resulto Victorioso.

Lamentablemente No Se Habla Mucho En Los Libro De Historia De México. Honor a Quien Honor Merece
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Re: La Intervención Francesa

Mensaje por anvil el Abril 27th 2011, 21:53

seeee gano mexico pero eran un chingo de soldados mexicanos superaban por mucho a los franchutes y estos les dieron buena batalla y si mal no recuerdo solo sobrevivieron 3 legionarios franceses no me acuerdo bien
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Re: La Intervención Francesa

Mensaje por gigarange el Abril 28th 2011, 03:23

Ing_Joseph escribió:
El Ejercito Mexicano 1863 Libro Una Batalla Con Un Grupo De La Legión Extranjera Me Parece Que En Camarón de Tejeda En El Edo De Veracruz, En La Cual El Ejercito Mexicano Resulto Victorioso.

Lamentablemente No Se Habla Mucho En Los Libro De Historia De México. Honor a Quien Honor Merece

El Pais llamado Camerun, tiene su nombre en honor y gracias a esa batalla de Camerone como ellos la nombran.

Es una de las mas grandes batallas epicas de los Franceses y en especial de la Legion Extranjera, cada año hay una celebracion en el puerto sobre el monumento a esta batalla y vienen altos dignatarios franceses a rendirles tributo a estos hombres de gran bizarria. La victoria fe para los mexicanos, pero el honor y la consecucion de los mas altos valores militares fue para estos heroes de su patria en territorio hostil.

De ahi parte mucha de la gran leyenda que acompaña a la Legion Extranjera.
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Re: La Intervención Francesa

Mensaje por Lanceros de Toluca el Abril 28th 2011, 13:31

Asi es, famosa la batalla de Camaron, y los victoriosos Coraceros de Tulancingo

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La Batalla de Camarón

Mensaje por Iustitia el Abril 30th 2011, 09:14

Y cayó la Legión Extranjera en Camarón de Tejeda a manos de campesinos


Por Regina Martínez

Viernes, 29 de Abril de 2011 | 21:33

Camarón de Tejeda.- El 30 de abril para este pequeño municipio, ubicado en una de las regiones más olvidadas del estado, es la fecha más importante para sus poco más de 5 mil habitantes. Es la fiesta del pueblo que se reúne para "celebrar la amistad" de dos naciones, México y Francia.

Desde hace 148 años, el pueblo se viste de gala para recordar la caída de la Legión Extranjera Francesa a manos del Ejército nacionalista, compuesto por campesinos que poco sabían de armas y que habían abandonado el azadón poco antes de enrolarse al movimiento armado de la época juarista.

La Batalla de Camarón, se ha convertido casi en la fiesta patronal de los habitantes de este municipio que en su tiempo fue el centro comercial más importante de la región centro del estado por la construcción de una estación del ferrocarril durante el movimiento independentista, allá por 1870.

La mayoría de los hombres, mujeres, ancianos y hasta los escolares tienen conocimiento de los hechos ocurridos el 30 de abril de 1863. Un hecho que colocó a este pequeño poblado en los anales de historia no sólo de México sino de Francia que los llena de orgullo, comentan los vecinos.

Camarón de Tejeda es el símbolo de respeto de Francia hacia México, expresó el edil para luego precisar que este es el único lugar del mundo donde dos naciones se reúnen para "rendirle homenaje a los soldados caídos" durante la batalla del 23 de abril de 1863.

Otro de los orgullos del antiguo pueblo de Temaxcal, donde se asentó parte de la cultura totonaca de Las Remojadas, son las tumbas y monumentos erigidos en honor a los soldados que murieron en aquella batalla tanto del lado mexicano como francés.

"Homenaje a los combatientes de Camarón", se ha inscrito en las placas colocadas en los monumentos donde reposan los restos de los soldados que se enfrentaron durante la segunda intervención francesa en México.

En esa fecha la tercera compañía de la Legión Extranjera, integrada por 62 soldados comandados por el capitán Jean Danjou, fue enviada para explorar la zona para el paso de un convoy que llegaría a Puebla llevando víveres, material de sitio y 3 millones de oro al ejército francés que mantenía sitiada esa ciudad.

Fue precisamente en Camarón donde dio la batalla, cuando el comandante mexicano Francisco de Paula Millán, comandante militar y civil del estado de Veracruz, advertido del plan francés, puso en movimiento a sus tropas y les tendió una emboscada con una fuerza de 200 soldados de infantería y 800 de caballería.

El enfrentamiento armado se escenificó en la antigua hacienda de La Trinidad, una construcción de principios de 1800. Tras una cruenta batalla el ejército mexicano logró abatir a los franceses, donde murieron la mayoría de los legionarios, incluido Jean Danjou, quien había perdido la mano en la guerra de Crimea, por lo que el único oficial sobre viviente, el teniente Clemente Maudet "recibió la encomienda de guardar la mano de madera de su capitán".

La mano de madera del capitán francés que perdió la vida en la batalla registrada hace casi 150 años, se encuentra en el cuartel general de la Legión Extranjera en Aubagne, cerca de Marsella, en Francia, "pues nunca se quedó en Camarón de Tejeda", enfatizan las autoridades municipales.

Los pobladores se han dado a la tarea de investigar y preservar este hecho, refirió la maestra del Telebachillerato, quien con otros ciudadanos conformaron una asociación civil denominada Consejo para el Desarrollo y la Fraternidad AC., integrada por profesionales que han salido a estudiar fuera del municipio y regresaron.

Molina, licenciatura en lengua inglesa y francesa por la Universidad Veracruzana (UV), explicó que junto con otras personas desde hace muchos años se han dedicado a recopilar parte de la historia Camarón de Tejeda, "pues si no fuera por este acontecimiento seriamos un pueblo totalmente olvidado".

"Creo que somos el único sitio en el mundo donde un Ejército extranjero viene a festejar una derrota, donde países convergen en un hecho militar sin que haya resquemores y aunque hay muchos historiadores que tienen perjuicios sobre este hecho, la gente de Camarón no los tiene", expresó.

Los restos de los legionarios fueron trasladados al mausoleo del cementerio que durante cien años permaneció en el centro del pequeño poblado, enfrente de donde todavía hoy se ubica el obelisco levantado en honor a los soldados mexicanos muertos en batalla, santuarios que solo los dividía la vía del ferrocarril.

Junto a los restos de los 60 soldados caídos en manos de los mexicanos, están los de los únicos oficiales franceses que participaron en la batalla de Camarón, es decir, Jean Danjou, capitán del regimiento y los subtenientes Jean Vilain y Clemente Maudet, explicó la maestra Molina.

Frente del mausoleo, donde se construye un bulevar, se erigió un monumento donde están los restos de Francisco de Talavera, originario de Córdoba y fueron trasladados a ese sitio en 1963, ya que siendo médico de profesión, luego de terminar la batalla, "se olvidó de las armas y se dedicó a atender a los heridos" de ambos grupos.

En los registros históricos se menciona que luego de la batalla, el comandante Francisco de Paula Millán ordenó que se tratara con atención médica a los heridos, "tratando con la nobleza hidalguense que siempre ha caracterizado al pueblo mexicano, a un vencido valiente", encomienda que quedó a cargo del Francisco Talavera.

Se hace referencia a que, en este combate singular, "en el parte oficial figuran los nombres de 2 jefes y un oficial mexicano que se distinguieron por sus atenciones para con los heridos y prisioneros franceses". Ellos fueron el teniente coronel Luciano Cambas, el mayor Francisco Talavera y el capitán Ramón Lainé.

Sobre la carretera, se encuentra uno de los principales centros de educación básica de este municipio, al que le pusieron el nombre del coronel Francisco de Paula Millán, en cuya explanada principal se erigió una estatua de bronce empuñando una espada y, exactamente, queda frente al mausoleo.

De lo que fue la ex hacienda de La Trinidad, solo prevalece una parte de lo que fue uno de los muros de los patios de la vieja construcción, actualmente fraccionado con la edificación de viviendas y en una de las esquinas se colocó una gran antena de Teléfonos de México (Telmex), ubicada en el centro de la ciudad.

Así, desde hace 148 años, los lugareños celebran este acontecimiento, "pero como un movimiento fraternal de dos países completamente distintos que en algún momento convergimos en una situación y al término de la misma no éramos más que seres humanos y había que buscar el punto de equilibrio", precisó la maestra Molina.

Lo que se festeja en este pueblo, remarcó, "es la caballerosidad y el honor militar que cada uno supo tener en su momento" y para los franceses, "es venir a un sitio de peregrinaje ya que Camarón representa el espíritu de la Legión. Vienen a rendirle tributo a sus soldados, tocan las tumbas y el lugar donde cayeron los legionarios", dijo.

"Como pueblo estamos orgullosos", reiteró Palacios Ortega, quien como autoridad municipal rechazó que los pobladores organicen este evento para festejar a extranjeros, "eso no es cierto", y por ello, refirió, en el obelisco ubicado frente a palacio municipal está inscrita la leyenda: "No veas a Camarón con los ojos, velo con el corazón".

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Re: La Intervención Francesa

Mensaje por Enemigo Público el Abril 30th 2011, 09:32

Yo ya había escuchado de esos eventos, pero no sabía en que parte del país tuvo lugar.

Buena aportación compañera +1
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Re: La Intervención Francesa

Mensaje por Iustitia el Abril 30th 2011, 09:43

Enemigo Público escribió:Yo ya había escuchado de esos eventos, pero no sabía en que parte del país tuvo lugar.

Buena aportación compañera +1

Gracias por el +1........ ya subi un példañito mas
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Re: La Intervención Francesa

Mensaje por ·¦·Füµ®€R·¦· el Abril 30th 2011, 11:12

Muy bueno el dato, por ahi esta posteado la nota del festejo o conmemoración donde participararon oficiales franceses y personal de la marina.
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Re: La Intervención Francesa

Mensaje por Lanceros de Toluca el Abril 30th 2011, 21:19

A mi me toco estar en la ceremonia del año pasado, muy emotiva, hay videos de la misma, busquenlos

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Re: La Intervención Francesa

Mensaje por templario el Mayo 1st 2011, 23:47

lamentablemente por culpa de nuestro nefasto sistema de educacion dirigido por autenticos traidores, es que hechos tan memorables como este no son conocidos ampliamente atravez de las escuelas de nuestro mediocre sistema de educacion publica lo que hace que muchos mexicanos demeritemos nuestra historia y aveces conoscamos mas de historia o batallas memorables como esta en otros paises y se llegue a pensar que actos de heroismo como esoso no se dan o se dieron en mexico
solo agregare que en la batalla de camaron el efectivo de mas de mil mexicanos contra 65 legionarios aun esta en controversia, recuerden que por esos tiempos la invacion francesa estaba en su apogeo y efectivos tan grandes no era tan sencillo de esconder del enemigo sin enbargo hay quienes afirman que se trato de 200 a 300 mexicanos la mayoria muy mal armados (solo con herramientas de labranza) los que dieron cuenta de los legionarios muy bien armados y entrenados, de esta batalla que el comandante de los mexicanos califico solo de "una escaramusa con el invasor".. es que los legionarios obtuvieron el objeto mas sagrado y simbolo de el espiritu guerrero de los legionarios, me refiero al brazo de madera del comandante legionario el cual a la fecha es venerado ampliamente como muestra del valor de esas tropas en tierras extrangeras, ademas en los archivos de la secretaria de la defensa hay cartas que uno de los oficiales sobrevivientes escribio a su madre en francia mientras curaban sus heridas en casa de una humilde mujer mexicna a quien llego a llamar "mi segunda madre", cosa que da muestra de la nobleza de los mexicanos que aun trataron con dignidad a los invasores, cosa que no podemos decir de los franceces pues el conde lorences fue conocido por sus actos por de mas crueles y despiadados ademas de el trato denigrante que dio a prisioneros, pueblo de mexico en general y hasta a las tropas imperialistas, quienes depues de su salida con la cola entre las patas se conviertieron en la unica fuerza que mantuvo en el poder a maxilmiliano.
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Re: La Intervención Francesa

Mensaje por yax el Mayo 2nd 2011, 11:48

segun se en esta batalla la legion se gano su mote de legendaria ahi alguien que sepa mas del tema?
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Batalla de Camarón de Tejeda y nombre de Camerún.

Mensaje por Huey Peyote el Mayo 2nd 2011, 16:15

gigarange escribió:
Ing_Joseph escribió:
El Ejercito Mexicano 1863 Libro Una Batalla Con Un Grupo De La Legión Extranjera Me Parece Que En Camarón de Tejeda En El Edo De Veracruz, En La Cual El Ejercito Mexicano Resulto Victorioso.

Lamentablemente No Se Habla Mucho En Los Libro De Historia De México. Honor a Quien Honor Merece

El Pais llamado Camerun, tiene su nombre en honor y gracias a esa batalla de Camerone como ellos la nombran.

Es una de las mas grandes batallas epicas de los Franceses y en especial de la Legion Extranjera, cada año hay una celebracion en el puerto sobre el monumento a esta batalla y vienen altos dignatarios franceses a rendirles tributo a estos hombres de gran bizarria. La victoria fe para los mexicanos, pero el honor y la consecucion de los mas altos valores militares fue para estos heroes de su patria en territorio hostil.

De ahi parte mucha de la gran leyenda que acompaña a la Legion Extranjera.

En efecto, la batalla se llevó a cabo en Camarón de Tejeda, en Veracruz, pero Camerún no debe su nombre a esta batalla. El nombre de Camerún proviene del "Rio de los Camarones" que fue el nombre que dieron los primeros colonizadores Portugueses al río donde desembarcaron en el Siglo XV en esa región de Africa.

La información pueden confirmarla en la siguiente liga de la Enciclopedia Britanica:
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Aun así, esa batalla es recordada por la Legión y por el pueblo mexicano como una "Defensa Histórica", y los lugareños tienen la costumbre de mencionar que Camerún se nombró en homenaje a esa batalla. Labor loable para recordar a la Legión en su campaña por México, pero equivocada en el fondo.

Saludos!

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Re: La Intervención Francesa

Mensaje por mossad el Junio 4th 2011, 12:36

Ironicamente el teniente Clement que sobrevivio a la batalla murio un año despues en un duelo ( haganme el chingao favor ) , mmmmm lo que me gusto de esa conmemoracion es que se esta reconociendo el valor de ambos bandos , eso es una muestra de civilidad como la de alemanes y aliados cuando conmemoran el Dia D en Normandia ya que generalmente nos hemos dedicado estigmatizar a todo lo que huele a extrangero y a dividir la historia como en telenovela donde o son buenos o son villanos.

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Re: La Intervención Francesa

Mensaje por General Pimienta. el Junio 4th 2011, 13:02

Muy buen post yo no sabia nada de esto, muchas gracias.
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nota sobre el Primer Batallón de Nuevo León que fusilo a Maximiliano de Habsburgo

Mensaje por xavi_mty el Octubre 16th 2011, 15:54





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Ponen a punto las armas con que fusilaron a Maximiliano
Los fusiles pertenecientes al Primer Batallón de Nuevo León, que se exponen en el Museo Regional de El Obispado, en Monterrey, presentaban antes de la restauración del INAH indicios de corrosión.



2009-03-06•Cultura

<em>El fusilamiento de Maximiliano</em>, Édouard Manet, óleo sobre lienzo, 1867.
El fusilamiento de Maximiliano, Édouard Manet, óleo sobre lienzo, 1867. Foto: Especial

Los rifles con los que fusilaron al emperador Maximiliano de Habsburgo y a los generales Miguel Miramón y Tomás Mejía, en el Cerro de las Campanas en 1867, por el delito de traición a la patria, fueron sometidos a trabajos de conservación por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), con lo cual se erradicaron los indicios de corrosión que presentaban esas armas, luego de más de 140 años del suceso.

Las labores de conservación de los tres fusiles, que hoy se encuentran en el Museo Regional de El Obispado, en Monterrey, Nuevo León, concluyeron hace un par de semanas, luego de un mes de intervención consistente en una limpieza con soluciones especiales para estabilizar el hierro y el latón —que se encontraban oscurecidos—, y con ello eliminar la ligera oxidación que tenían.

Alberto Compiani González, restaurador del Centro INAH Nuevo León, informó que en las culatas talladas en madera y cintas de piel se aplicó una cera para nutrirlos y darles brillo, a pesar de que estas partes no se encontraban corroídas ni en mal estado, pero se les intervino para prolongar su conservación.

Su importancia

Estos fusiles son importantes porque representan el término de la invasión francesa, con la muerte de Maximiliano, y el triunfo de la República. Para el Museo Regional de El Obispado son significativos porque sólo existen estos tres y los seis que resguarda el Museo Nacional de Historia “Castillo de Chapultepec”.

Los trabajos de conservación de los rifles —enmarcados en los Festejos del Bicentenario de la Independencia— sirvieron también para cambiar la cédula de información, la cual tenía una imprecisión, afirmaba que pertenecieron al Batallón de los Cazadores de Galeana. Sin embargo, correspondieron a distintos pelotones del Primer Batallón de Nuevo León, aunque ambos escuadrones formaron parte del Ejército del Norte.

Este ejército estaba conformado por gente de Nuevo León, Coahuila y Durango; de hecho, el general Mariano Escobedo era oriundo de ese estado, señaló Ahmed Valtier, historiador del INAH, quien se encargó de corroborar dicha información apoyado en el reporte que el general Escobedo escribió a Benito Juárez, publicado en 1973, en el libro Sitio de Querétaro y triunfo de la República, de José Guadalupe Ramírez Álvarez, cronista de la ciudad de Querétaro.

“En cumplimiento de lo dispuesto por este cuartel general, han sido, hoy a las siete de la mañana, pasados por las armas en el Cerro de la Campana, los reos Fernando Maximiliano de Habsburgo y sus llamados generales Miguel Miramón y Tomás Mejía, cuya sentencia fue ejecutada por el Primer Batallón de Nuevo León (…) Independencia y República. Plaza de Querétaro. Junio 19 de 1867. C. Gral. de División Mariano Escobedo, Jefe del Cuerpo de Ejército del Norte. Presente”.

“En mayo de 1867, después de más de dos meses de estar sitiado en la ciudad de Querétaro, Maximiliano fue derrotado y cayó prisionero por el Ejército del Norte, comandado por el general Mariano Escobedo. Esta guardia, integrada por diversos batallones, era una de las principales fuerzas republicanas del presidente Benito Juárez en la lucha contra del imperio del archiduque”, explicó el historiador Valtier.

“Después del fusilamiento, a los soldados que formaron los pelotones se les recogieron sus armas por órdenes superiores y se les entregaron otras nuevas. Los fusiles usados en las ejecuciones quedaron en posesión del general del Ejército del Norte, Escobedo.”

Aunque no existe evidencia documental de cómo llegaron esas armas a Monterrey —continuó el historiador—, es muy probable que fueran donadas al gobernador del estado Manuel Z. Gómez, por el propio general Escobedo, poco después de que las tropas que habían partido a luchar contra el imperio, regresaron a la ciudad en agosto de 1867”, comentó Valtier.

Sus características

Las tres armas tienen sellos y marcas sobre el metal, lo que hace posible determinar que dos son americanas —fabricadas en 1845 y 1851, ambas miden 148 centímetros — y una belga —con fecha de 1838 y 146 centímetros—, explicó el restaurador Alberto Compiani.

En la culata de cada uno de estos rifles se fijó —posiblemente a finales del siglo XIX— una pequeña placa de latón con el nombre grabado del fusilado y de los soldados o sargentos a quien pertenecieron.

Los fusiles estadounidenses fueron usados en la guerra civil americana y luego vendidos al Ejército del Norte, quien los ocupó durante la invasión francesa, entre los años 1862 y 1867. El rifle belga probablemente se recuperó de los ejércitos franceses durante ese mismo ataque a México.

Se trata de rifles de un solo tiro, que se cargan manualmente por medio de una baqueta –varilla de metal– que comprime la pólvora y la bala, después del disparo se tiene que repetir el procedimiento, además tienen una bayoneta para el combate cuerpo a cuerpo. Este tipo de arma fue la más usada en el continente americano a mediados del siglo XIX.

A principios del siglo XX, los rifles estaban resguardados en el Palacio de Gobierno del estado. Fue hasta 1956 que llegaron al Museo Regional de El Obispado, cuando se abrió el inmueble como espacio museístico.

Los fusiles se encuentran en exhibición permanente en la sala de La Reforma, del Museo Regional de El Obispado. El recinto se encuentra en la calle Rafael José Verger s/n, colonia Obispado, en Monterrey, Nuevo León.

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Fusilamiento de Maximiliano

Mensaje por Leopard62 el Noviembre 30th 2011, 18:30

Hay una edicion de la revista "Saber Ver" (1993) con muchas fotos buenas del fusilamiento de Maximiliano.

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Re: La Intervención Francesa

Mensaje por Centurio el Diciembre 24th 2011, 13:39

El combate de la hacienda de Camaron (con toda su importancia, me parece excesivo llamarle batalla) duro todo un dia y termino con la muerte de casi todos los franceses. Se conmemora cada año como la fecha más importante de la Legión Extranjera. Efectivamente ganaron los mexicanos, pero hay que tomar en cuenta que los franceses eran poco más de 60 (una compañía incompleta, al mando del Capitan pagador del Regimiento, pues el capitán que era el mando natural de la compañia estaba enfermo) y los mexicanos, al menos según la versión francesa, eran dos mil. Eso es lo que hace épico el combate, sesenta y tantos franceses cercados por dos mil mexicanos, que resistieron por horas sin agua, hasta agotar las municiones, y los sobrevivientes cargaron al arma blanca al final. Los vencedores reconocieron la bravura de sus enemigos, aun cuando fueran invasores que estaban agrediendo a nuestra patria sin ningun derecho.
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Re: La Intervención Francesa

Mensaje por Centurio el Diciembre 24th 2011, 19:10

los inicios de la Legion Extranjera fueron muy humildes, estaba compuesta por hombres desesperados y el gobierno frances no los trataba muy bien que digamos. Tampoco recibian, en ese entonces, un entrenamiento o equipamiento especial. La tenacidad con que se defendieron hasta morir casi todos fue lo que inicio la leyenda, y los mandos de la legión construyeron el espiritu de cuerpo a partir de este hecho. En cuanto a la cantidad de efectivos militares, habria que buscar en las fuentes, recuerdo haber leido que eran en total cerca de dos mil mexicanos, no mil y menos 200. Si fueran 200 campesinos con instrumentos de labranza no hubieran podido cercar y aniquilar a 60 soldados profesionales. En cuanto a ocultar al enemigo una fuerza considerable, en ese momento eran los mexicanos los que controlaban el territorio, la invasion apenas estaba empezando, por eso mandaron a esa compañia incompleta a proteger el convoy que trasportaba valores (un verdadero tesoro)
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Re: La Intervención Francesa

Mensaje por Lanceros de Toluca el Diciembre 25th 2011, 17:01

La accion vitoriosa se le adjudica a los Coraceros de Tulancingo que era parte de los que integraban el contingente mexicano

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Re: La Intervención Francesa

Mensaje por manolete el Diciembre 25th 2011, 18:53

Efectivamente esta clase de hechos no lo mencionan nuestros libros de Historia.Personalmente lo que hay que destacar seria el comportamiento gallardo y la bizarria de los oficiales mexicanos coronel Angel Lucio Cambas (de origen frances por cierto y gracias a su buen dominio de esa lengua contribuyo a la notoriedad de lo hechos) el teniente Ramón Laine (tambien del mismo origen) y pues de su comandante el gobernador militar de Veracruz coronel don Francisco de Paula Milán.

El punto culminante de la batalla lo dieron los mexicanos a los francese por este hecho (el cual emociona hasta las lagrimas a los franceses, tomado de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] narra que despues de 11 horas de lucha los sobrevivientes...

En el transcurso de los siguientes minutos Maudet, quien para
entonces estaba herido, ordenó a sus hombres disparar la última andanada
de balas, preparar bayonetas y cargar contra las tropas mexicanas, para
morir con honor. Durante el combate los legionarios habían disparado
más de 3,000 balas. Al pretender ejecutar esta acción Maudet volvió a
recibir un balazo y cayó inconsciente, mientras que otros dos de sus
hombres fueron muertos. Los sobrevivientes, los cabos Maine y Berg y el
raso Wensel –un polaco– retrocedieron hasta ponerse hombro a hombro
frente a una de las paredes de la hacienda, presentando sus bayonetas
como única defensa.
Ante este espectáculo los soldados mexicanos titubearon si acabarlos o
perdonarles la vida. Sus dudas fueron resueltas con la aparición de un
oficial mexicano, el coronel Angel Lucio Cambas, quien también era de
origen galo. Luego de apaciguar a sus hombres, se dirigió a sus
adversarios en perfecto francés con las siguientes palabras: “Ahora sí
supongo que se rendirán”.


Ya solo quedaban 2 combatiente y el oficial inconciente! Shocked
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Re: La Intervención Francesa

Mensaje por Giliath Luin el Febrero 29th 2012, 13:21

...tan épica como para enchinar la piel a cualquiera.

...en "Noticias del Imperio" hay un relato sobre este hecho. Se los recomiendo solo para que amplíen los puntos de vista tocantes.

Giliath Luin
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notas camaron

Mensaje por Centurio el Abril 8th 2012, 12:48

siguiendo con el tema de la Legión Extranjera (francesa) y su festejo anual que ellos llaman Cameron (el combate fue en la Hacienda de Camaron de Tejada, como se ha mencionado arriba) encontré esta ficha bibliografica en [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]



"El mito de Camerone". Crónica novelada de un combate legendario, de Joaquín Mañes

Actualizado 23 marzo 2012

Librería Hispania

Esta obra es el relato histórico novelado de diez horas de asedio visto desde la mirada incrédula y atónita de Alonso Bernardo, el único español integrante de la compañía francesa que resistió el asedio de las tropas mexicanas en Camerone. Se trata de un relato crudo, descarnado, extraído de las fuentes y reflejado con el mayor esmero literario pero sin renunciar en ningún momento a la fidelidad y el respeto por la realidad histórica.

Es por tanto un libro que hay que leer para apreciar desde un punto de vista completamente nuevo los sucesos que tuvieron lugar en la hacienda Camerone en 1863.

El combate de Camerone supone el paradigma del cumplimiento del deber hasta el final, es la referencia mítica para la Legión Extranjera que conforma su espíritu como institución militar constituyendo el fundamento de su propia cohesión; y este combate tuvo lugar en Camarón de Tejada, México, el 30 de abril de 1863.

Sesenta y cinco legionarios, entre ellos un español, resistieron , asediados en una hacienda durante diez horas, el ataque de más de dos mil soldados mexicanos.

Los legionarios formaban parte del cuerpo expedicionario de Francia, enviado por Napoleón III en apoyo del emperador Maximiliano, en su lucha contra los mexicanos del presidente Benito Juárez, una época romántica en la que destacaron unos valores siempre inmutables: honor y heroísmo.

El autor de esta obra, Joaquín Mañes, abogado de profesión, graduado en dirección de empresas, amante de la historia, se ha inclinado por la investigación de sus acontecimientos y lugares poco comunes, que le han llevado a publicar cinco libros, “El mito de Camerone” en 2004 y su segunda edición en 2005; “Sueños de conquista. Españoles en Saigón…”, en 2006; “La Quimera de un Reino” en 2008; Españoles en la Legión Extranjera Francesa”, publicado en septiembre de 2009 y por último, “Soldados sin bandera”, en junio de 2011.


FICHA TÉCNICA

Título: El mito de Camerone Librería Hispania
Autor: Joaquín Mañes Tfno. 952 22 00 05
Editorial: Librería Hispania
[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]
Páginas: 218
Precio 20 euros
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La oposición francesa

Mensaje por Lanceros de Toluca el Mayo 1st 2012, 14:22

La oposición francesa
Jean Meyer ( Ver todos sus artículos )
La oposición política y periodística a la expedition du Mexique hubiera sido imposible bajo el imperio autoritario (1852-1860), pero con la guerra en Italia y el tratado de libre comercio con Inglaterra, el Segundo Imperio empieza una marcha progresiva hacia la liberalización y se vuelve, por lo mismo, un “régimen de opinión”, el primero en la historia de Francia: el gobierno se preocupa, evalúa, mide la opinión pública, y acaba siguiéndola.



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La oposición política y periodística a la expedition du Mexique hubiera sido imposible bajo el imperio autoritario (1852-1860), pero con la guerra en Italia y el tratado de libre comercio con Inglaterra, el Segundo Imperio empieza una marcha progresiva hacia la liberalización y se vuelve, por lo mismo, un “régimen de opinión”, el primero en la historia de Francia: el gobierno se preocupa, evalúa, mide la opinión pública, y acaba siguiéndola. Para bien, cuando pone fin a la intervención en México, para mal cuando se deja llevar a la guerra con Prusia y Alemania.



La amnistía del 15 de agosto de 1859 permitió el regreso de casi todos los republicanos y orleanistas exiliados: Victor Hugo se queda en la isla de Guernsey; Edgar Quinet, en Suiza; Felix Pyat, en Londres, y Victor Considérant, en Texas, porque así lo quieren. Entre 1860 y 1870 la oposición no deja de crecer en el Cuerpo Legislativo. En 1863, los republicanos y los monarquistas, divididos en legitimistas y orleanistas, tienen ya el 20% de los votos; por primera vez una crítica de la política exterior del imperio es posible y el Cuerpo Legislativo es el lugar de amplios debates y graves interrogaciones sobre México. Hay que saber que por decreto del 24 de noviembre de 1860 los debates parlamentarios se publican en el órgano oficial y toda la prensa puede retomarlos. El asunto mexicano es ideal para atacar al emperador Napoleón III. Contra la intervención, los tenores republicanos son Jules Favre y Ernest Picard, los orleanistas Adolphe Thiers, Adolphe Gueroult y Glais-Bizoin, y el legitimista Pierre Berryer. En las filas de la imponente mayoría bonapartista hay una mayoría silenciosa que no siente ningún entusiasmo por “la aventura”. En cuanto a los autoexiliados, no pierden tiempo para atacar a Napoleón “le petit”, como Victor Hugo, quien publica su famosa carta a los Defensores de Puebla: “Mexicanos, no es Francia, es el Imperio que los arremete…”. Quinet, Pyat, Eugène Lefèvre hacen lo mismo. Eugène Lefèvre, quien vive en México desde 1852, publica en 1862 Le Mexique et l’ Intervention française, antes de refugiarse en Londres para proseguir el combate.

Le Siècle y La Presse son los grandes diarios republicanos; L’Opinión Nationale, fundado por los sansimonianos, es el órgano del bonapartismo de izquierda; Le Temps, creado en 1861 y dirigido por Auguste Nefftzer, es opositor también, liberal, y tiene muchos corresponsales en México, lo que le permite ser el mejor informado de todos. El Phare de la Loire, diario de Nantes, el gran puerto Atlántico, publica cartas críticas de los comerciantes franceses en Veracruz y México. Las revistas más importantes son el orleanista Journal des Débats y la legitimista Revue des Deux Mondes. L’Illustration no tiene color político pero tampoco está a favor de la intervención: el 29 de marzo de 1862 publica una biografía laudatoria de Benito Juárez y, algunos años después, denunciará los incendios de pueblos y las represalias ordenadas en Sinaloa por el general Castagny.

El prestigio del emperador estaba a la baja después del tratado de Vittorio-Veneto que puso fin a la guerra italiana contra Austria: vencedor, renunciaba a los territorios de Venecia, protegía la soberanía temporal del Papa, dos obstáculos a la perseguida unidad italiana, y, al mismo tiempo, no quería una solución favorable, ni al Papa, ni al revolucionario Garibaldi. Mismas ambigüedades e indecisiones frente a Polonia —y a San Petersburgo— y Hungría —y a Viena—, frente a la marcha de Alemania hacia su unidad. Aquí me remito a Patrice Gueniffey y a los implacables análisis contemporáneos de Adolphe Thiers. Se esperaba una guerra inminente en Europa, impulsada por la crisis que lideraba Prusia: ya se perfilaba la cuestión de los ducados de Schleswig y Holstein, entre Dinamarca y Prusia, y el futuro enfrentamiento entre Berlín y Viena.

¿Ir a México en estas condiciones, cuando la hacienda pública estaba en crisis, después de los gastos inmensos de la guerra de Crimea, Italia, China, Siria-Líbano…? Por eso se vale hablar de una oposición bonapartista, hasta en el seno del gobierno. Por eso el pobre ministro de Finanzas, Achille Fould, le pide a J-B. Boussingault, el gran químico, de ir, en su gloriosa calidad de antiguo edecán de Bolívar, a convencer Napoleón III de abandonar la quimera mexicana. La entrevista tuvo lugar el 6 de junio de 1862. No sirvió para nada. Sí, demostró la improvisación y la ignorancia que presidían a la aventura; no había llegado todavía la noticia de la derrota del 5 de mayo, cuando el emperador le decía a Boussingault: nuestras tropas han de caminar hacia México, después de la toma de Puebla, “un lugar sin importancia, unas mil almas...”.

Escepticismo general, pues, desde un principio, cuando no rotunda oposición. Sin embargo, el diplomático mexicano Juan Antonio de la Fuente subraya la debilidad de esa oposición en una carta firmada el 27 de enero de 1862: “hay disgusto […] mas no tanto que llegue a la desesperación, causa de las revoluciones; la política imperial hace que todo se tema y todo se espere del Emperador […] árbitro y señor de este pueblo”. Lo cual no impide que tenga contactos discretos con opositores, como Jules Favre, el célebre abogado y diputado republicano: le proporciona documentos que le permiten intervenir en el Cuerpo Legislativo, por ejemplo para destapar el escándalo de los bonos del banquero Jecker.

Los diputados tenían dos oportunidades para atacar: a la hora de responder al Discurso del Trono, que inauguraba la sesión; luego, en el voto del presupuesto. Así, el 13 de marzo de 1862, el primero en poner en duda la política mexicana es Achille Jubinal, diputado de la mayoría bonapartista. Precisa que no está en contra de la expedición, siempre y cuando se limite a proteger a los franceses en México y a recuperar el dinero de las deudas mexicanas. Luego pide explicaciones al gobierno: ¿Qué pretende hacer?

¿Desmentirá los rumores de que se trata de acabar con “el gobierno libre” de Juárez para instalar una monarquía, lo que sería ejecutar los proyectos de “vulgares conspiradores”? De ser el caso, ¿qué pasa con el principio de no intervención proclamado por el emperador? En cuanto a la inestabilidad política de México, dice Jubinal, la historia reciente de Francia no es muy diferente. Por lo tanto hay que darle tiempo a Juárez para pagar la deuda. Después de poner en duda los informes del embajador de Francia, Dubois de Saligny, concluye: “Espero que Francia no perderá por México las simpatías que la animan por todos los pueblos que gravitan hacia el progreso; espero que no negará sus principios, y que, sobre todo, reconocerá en lo que ocurre en México algo como el eco lejano de los principios que fundaron su gran nacionalidad, un eco de los principios de 89”. Luego toma la palabra Jules Favre, en una intervención crítica también, más conocida que la anterior. Lo importante de la primera es que Achille Jubinal, si bien pertenece a la mayoría, habla como republicano.

En abril de 1862, mientras que la prensa oficial y oficiosa de París prepara la opinión a favor de una solución monárquica en México (La Patrie, Le Moniteur, Le Courrier du Dimanche que había mencionado a Maximiliano desde el 1 de febrero), el príncipe Jérôme Bonaparte instruye a su L’Opinion Nationale para que diga el 10 de mayo:



Nosotros somos los más humildes servidores de S. A. el Archiduque Maximiliano; pero si él tiene deseo de un trono en América, ¿por qué no va él mismo a conquistarlo? ¿Por qué no devolver al arado los soldados a quienes exponemos en esta inútil expedición? ¡Cuánto lamentamos los millones que vamos a gastar! ¡Habrían figurado tan bien en las columnas de nuestro presupuesto! […] Habrían bastado para duplicar durante diez años el presupuesto de la educación primaria, para el cual, el Señor ministro no se atreve a pedir al Cuerpo Legislativo, asustado con tantos gastos inútiles.

El 20 de mayo de 1862, sin conocer lo que pasó en Puebla el día 5, el mismo periódico afirma:

Podemos, al triplicar los gastos de la guerra de Crimea, formarnos una idea de lo que costaría una guerra que, aun si obtuviese la victoria, nada resolvería en nuestro favor y que sería un aplazamiento, pues la fuerza de las cosas y la situación estará siempre contra nosotros […] Si es el territorio de Venecia que se pretende conquistar en México, valdría mil veces más conquistarlo en Italia. Una expedición en el Veneto no implicaría los gastos ni los desastres que resultarían inevitablemente de un conflicto con la América del Norte.

Por el mismo conducto, el príncipe Jérôme recuerda que Francia está en contra de una intervención armada en los asuntos internos de otros países. El republicano Jules Favre no dice más. Cuando Michel Chevalier defiende en varias ocasiones el proyecto monárquico en La Revue des Deux Mondes, la prensa liberal lo acusa de inconsecuencia y traición. Los periódicos ya mencionados, menos los oficialistas, comentan la doble noticia de la ruptura de los aliados en Orizaba y la toma de la Nueva Orleans por las tropas de la Unión: están de acuerdo en opinar que una breve guerra con Austria, para terminar lo que pudo hacerse en 1859, a saber, dar el Veneto al rey Víctor-Emmanuel, sería más barata que una guerra desastrosa con una Washington triunfante. Algunos encuentran una sorprendente analogía entre la invasión de Francia en 1814-1815 por los Aliados, para restablecer a los Borbones en el trono, y la invasión de México por Francia para fundar un trono para un archiduque austriaco. Mencionan los intereses de los Rothschild —y de Jecker— hacia las eventuales minas de oro en Sonora; no falta quien insinúe que Chevalier y los ministros Fould y Rouher estén coludidos con los banqueros.
Después de su derrota del 5 de mayo, el general Lorencez cambia por completo de parecer. Antes se consideraba como virtualmente dueño del país, con sus cinco mil soldados; ahora, denuncia el embajador Dubois de Saligny como un despreciable embustero, dice que el emperador ha sido vilmente engañado y que hay que retirarse cuanto antes. Eso se sabe pronto en Francia, y si bien la oposición vota, con todo el Cuerpo Legislativo, el 16 de junio de 1862, los créditos excepcionales, 15 millones, para vengar la derrota, advierte que, enseguida, habrá que “tratar con Juárez y retirarse”. Son palabras de Jules Favre el 26 del mismo mes:

Se habla de desquite, Señores; ésa es una palabra impía, cuando no se tiene el derecho de su parte; pues no puede existir gloria cuando está separada la justicia; y en este juego terrible que es la guerra, es un crimen presenciar semejante palabra y decir que es necesario ofrecer la vida de los soldados en sacrificio a un vano amor propio.

Thiers no es menos elocuente:

Vamos a fundar un nuevo Imperio a tres mil leguas de distancia, treinta y cinco días de navegación, ¿sin un objeto determinado, sin una utilidad fija? Costará doce millones al mes, cuarenta mil soldados y ocho mil marineros. Sin decirse claramente con cuál objetivo. Lo único que se sabe es que el príncipe llamado a reinar en México va, en breve plazo, a pasar por París antes de embarcarse en un puerto francés, rumbo a Veracruz. ¿Cuál es la relación entre la protección de los franceses en México y la magna empresa de fundar un Imperio en el Nuevo Mundo contra la voluntad de los Estados Unidos? Y, en este caso, ¿cuál es la utilidad para Francia?




Silencio o poca cosa en la prensa oficial y oficiosa, tan sorprendente ha sido la noticia de la derrota del 5 de mayo. ¿Cómo? ¿Los invencibles héroes de Sebastopol y Solferino, las águilas que derrotaron a Rusia y Austria, humilladas por unos pobres mexicanos? Contraste absoluto con la prensa de oposición. El partido antiimperial encontró en “la cuestión mexicana” un medio para fomentar el descontento contra el imperio. Además, la bolsa, ansiosa, baja. Por eso Fould, alarmado por la disposición del emperador de constituirse en árbitro de los destinos de todos los países, busca a Boussingault… El mariscal Randon, ministro de Guerra, y el príncipe Jérôme no tienen más éxito. El emperador piensa, y por un corto tiempo, la opinión pública y el ejército lo siguen también, que el honor de Francia exige que sus tropas lleguen a México. “Lavar el honor de la bandera”, dicen los soldados, pero a diferencia del emperador, quieren llegar a México para reembarcarse.
Emile Ollivier, entonces líder republicano, radicalmente opuesto a la intervención, escribirá cinco años después —sin riesgo de equivocarse— en L’Empire libéral:



Busco vanamente un gran pensamiento en el montón de incoherencias que implicaba una expedición que tenía por meta crear un imperio de antiguo régimen en el centro del continente americano. Pasara lo que pasara, el éxito era radicalmente imposible; lo que es imposible en política no es grande, sino menso. Los emigrados engañaban y se engañaban. El gobierno republicano no era la expresión de una minoría opresiva, representaba la verdadera mayoría del país expresada por el sufragio universal […] El emperador, engañado por los informes furibundos de agentes apasionados, envuelto en una nube de mentiras e ilusiones, se negó a escuchar las explicaciones del enviado mexicano, La Fuente. Contra toda justicia y sentido común, se obstinó en imputar a Juárez las malas acciones de sus adversarios […] Acabó por creer que el presidente mexicano, que hubiera respetado si lo hubiese conocido, era un monstruo vomitado por la anarquía, infame, perjuro, y eso creyó tan sinceramente, como otros creyeron que él mismo era un Tiberio, porque lo oyeron decir por Victor Hugo.

En la sesión del 6 y 7 de febrero de 1863, Ernest Picard, primero, y luego Jules Favre, intervienen en el Cuerpo Legislativo para dar a conocer los documentos de la familia Jecker, interceptados por la marina de la Unión norteamericana y transmitidos al gobierno mexicano. Los dos diputados reparten en las dos Cámaras, Cuerpo Legislativo y Senado, dicha correspondencia impresa en Londres. Para el asombro general, el Ministerio de los Asuntos Exteriores confiesa ignorar todo del asunto. Los representantes se enteran entonces que el suizo Jecker había recibido la nacionalidad francesa el 26 de marzo de 1862… justo a tiempo para incorporar sus demandas a las reclamaciones francesas, e inflar aquellas de una manera que los aliados ingleses y españoles no aceptaron.

El abogado y diputado republicano Picard, al responder al Discurso del Trono, ataca una expedición militar realizada sin el parecer de la Cámara; lamenta que le toque al ejército reparar las faltas de la diplomacia y pide que se censure al gobierno por la protección acordada a un banquero extranjero, naturalizado al vapor. Propone una enmienda para criticar una expedición mal definida que compromete de manera temeraria a los soldados: la Convención de Londres se hizo pedazos, Francia perdió a sus aliados, hace un año que los soldados llegaron a México y apenas está empezando el sitio de Puebla, cuando el ministro Billaut pronosticaba, 11 meses atrás, una rápida marcha triunfal sobre la capital. Denuncia la hipocresía del gobierno, que invoca unos agravios financieros que no son ni el único motivo ni el más importante. Recuerda que en marzo y en mayo del año anterior, Billaut negó formalmente que se trataba de establecer un imperio, algo ahora reconocido. Cita a Lord Russell, titular del Foreign Office: “Los mexicanos refugiados en París son gente notable por sus infundados cálculos sobre la fuerza de sus partidarios en su país natal y por la extravagancia de sus esperanzas respecto de la ayuda extranjera”. Cita también al conde de Reus, general Prim y al mariscal O’Donnell: “Es una quimera querer levantar una monarquía constitucional en México, por medio de una intervención extranjera”. Finalmente, recurre a la historia de la revolución francesa para recordar que el Manifiesto del Duque de Brunswick, en 1792, prometiendo un castigo terrible para Francia, había resultado totalmente contraproducente y había llevado la revolución a la victoria, el rey al cadalso.

En la misma sesión, Thiers critica la intervención francesa como contraria a los intereses del país, a la hora de graves tensiones en Europa: el rey Otón ha sido derrocado en Grecia, lo que opone Francia y Rusia a Inglaterra; Italia está en crisis por los ataques de Garibaldi contra una Roma defendida por el ejército francés; no se puede descartar una nueva guerra entre Austria, Italia y Francia, lo que da esperanzas a los liberales mexicanos que saben, además, que la expedición es cada vez más impopular en Francia. El legitimista Pierre Berryer no habla de otra manera: la intervención va contra los intereses nacionales, sale muy caro y compromete al país por muchos años.

El exiliado Edgar Quinet había publicado recientemente, después del 5 de mayo, en Londres, un folleto incendiario de 39 páginas: L’ expédition du Mexique, que calificaba la empresa de “absurda” y su ejecución de “vandálica”. Denunciaba los pretextos, antes de acusar el plan de la empresa como “El 2 de diciembre en América”, es decir, el golpe de Estado a nivel continental: “Una nación libre borrada de la tierra. Es ya un punto satisfactorio; es sólo el principio… de un 2 de diciembre gigantesco que amenazará todo un continente”. En el párrafo VII dice que las “verdaderas causas de la empresa” son “que la falsa democracia no puede tolerar la democracia verdadera… rebajar o extirpar la democracia de los Estados Unidos, es la parte seria, el alma de la necesidad”. Concluye: “¿Quién sufrirá las faltas de este hombre? El ejército. ¿Quién pagará por ellas? La Francia”.

Jules Grenier, en La Revue Contemporaine de febrero de 1863, no está enteramente de acuerdo con Quinet, pero precisa que no se hubiera pensado en México, a no existir la guerra civil en Estados Unidos; este acontecimiento hizo creer al emperador que la intervención podía resultar, cuando lo más probable es que el previsible triunfo del norte culmine con la absorción de México por los Estados Unidos.

La lentitud del sitio de Puebla y el alud de desertores franceses son argumentos para los críticos que insisten en la desmoralización de un ejército, que no entiende el estancamiento de una campaña ya demasiado prolongada, y se pregunta “¿qué estamos haciendo aquí?”. La prensa se hace el eco de cartas de los oficiales y soldados a sus familias.

La caída de Puebla, en mayo de 1862, el paseo hasta México, la decisión de la Asamblea de Notables a favor de Maximiliano, nada disminuye los ataques de la oposición, alentada por las divisiones entre los generales franceses en México: Felix Douay y Achille Bazaine critican a Forey y lo acusan de clericalismo. El emperador nombra mariscal a Forey, pero, al mismo tiempo, lo llama de regreso a Francia. Bazaine recibe el mando, mientras que Douay empieza a criticarlo y lo hará hasta el final. Desde un principio Bazaine se da cuenta que le tocará bailar con la más fea, porque el ministro de Guerra, el mariscal Randon, le escribe enseguida que “los gastos son excesivos y sobrepasan todas las previsiones”, y que el gobierno mexicano nunca podrá asumirlos.

Frente a una oposición generalizada, y para alentar a los partidarios de la intervención —y al emperador—, Michel Chevalier publica, en el verano de 1863, un folleto, La France, le Mexique et les Etats Confédérés, en el cual propone reconocer al sur secesionista que, antes de la guerra, proporcionaba a las fábricas francesas el 90% de su algodón. Calcula que se podría contar con la simpatía inglesa hacia el sur, para que las flotas de Francia e Inglaterra obliguen al norte a levantar el bloqueo de las costas del sur.

Un hecho menor puede dar una idea del sentir general en Francia en este momento: tres franceses, simpatizantes del gobierno de Juárez, fueron acusados de haber intentado desacreditar el gobierno de Napoleón. El principal era Armand (de) Montluc, ex vicecónsul de Francia en Tampico y cónsul de México en París; Leverrière y Barré eran los otros dos. Ahora bien, en octubre de 1863, resultaron absueltos por el tribunal…

En los mismos días, un emperador preocupado escribe al mariscal Bazaine que le causa serios problemas la oposición que le hace Jules Favre; le pide que si es verdad que Favre recibe dinero de Juárez, consiga pruebas auténticas. Su preocupación obedece también al hecho de que la oposición es fuerte en su círculo familiar. Prosper Mérimée, gran amigo de la pareja imperial, escribe, el 20 de diciembre de 1863, a Eugenia de Montijo que está en contra de este “error”: “La expedición ha sido dirigida por dos imbéciles que se han sucedido, cada uno aumentando las faltas ya cometidas”.

Misma situación negativa en el Consejo Privado del emperador. El príncipe Jérôme renuncia después de haber pronunciado, en Córcega, un discurso favorable a la Doctrina Monroe… En la sesión de febrero de 1864 del Cuerpo Legislativo hay, en palabras de Émile Ollivier, “solamente cuarenta y siete voces contra una política que, en el fondo de su corazón, desaprobaban las tres cuartas partes de la Asamblea”. En dicha sesión, Adolphe Thiers había pedido que Francia retirara su ejército cuanto antes y tratara con Juárez; en cuanto a Berryer, calificó de loca e insensata la empresa de llevar un archiduque austriaco a México, cuando no podría sostenerse sin el apoyo de una Francia que no tenía nada que ganar y mucho que perder en el asunto. Napoleón tuvo que pedir a las Cámaras la autorización para levantar empréstitos para cubrir el déficit del Estado, y un empréstito de 300 millones, en contra del cual Thiers y todos los opositores protestaron. En el Senado, el marqués de Boissy hizo lo mismo: “Ya gastamos 300 millones…”.

1865
Para halagar a una opinión pública cada día más impaciente, el emperador anuncia, el 15 de enero, en el Discurso del Trono que abre las sesiones del Consejo Legislativo, la retirada de una parte de las tropas que están en México. Los aplausos nutridos que reciben la declaración demuestran la secreta inconformidad de la gran mayoría de los diputados. Luego, la victoria del norte, que pone fin a la Guerra de Secesión, da alas a la oposición parlamentaria. El Cuerpo Legislativo se encuentra reunido desde el 15 de febrero hasta el 4 de julio y la situación internacional ocupa gran parte de los debates: la cuestión mexicana está inmersa en medio de “la cuestión romana”, con el problema de lo que queda de los Estados pontificales, el reconocimiento del “Reino de Italia”, el Veneto que sigue bajo dominación austriaca, “la cuestión de Oriente”, la crisis de los Ducados, Polonia, España… Sin embargo, México no desaparece del horizonte: al contrario. En una Europa borrascosa, Francia necesita todas sus fuerzas, argumenta incansablemente Adolphe Thiers, quien rebasa a todos por su amplitud de vista y su larga experiencia.

En la sesión del 1 de abril, Jules Favre dice que no es cierto que el imperio de Maximiliano haya sido recibido con universal entusiasmo, no es cierto que los disidentes sean puros bandoleros y anarquistas. Cita las cifras oficiales de armas decomisadas y de “rebeldes” muertos, para concluir:

He aquí, señores, cuál era en 1864 el estado de un país que se suponía y se supone pacificado. No quiero recordar a la Cámara dolorosos episodios, hechos de armas en que se ha derramado sangre francesa, la traición de ciertos mexicanos, quienes, después de haber traicionado a su país, han traicionado a los franceses […] Proclamamos el principio de nacionalidades en Alemania e Italia, y a México hemos ido a instalar un gobierno con la espada, y una vez establecido, nos colocamos en la alternativa de un desastre o de una guerra sin fin […] El año pasado, al pedir créditos suplementarios, se decía que al fin del año no quedaría un solo soldado francés en México. Con esta promesa sucedió lo que con tantas otras…




En abril, L’Illustration publica, con documentos gráficos, la noticia de las exacciones ordenadas por el general Castagny, en Sinaloa, en represalia por la masacre de soldados franceses presos en Veranos: incendio del pueblo de La Noria y de varios más, ejecuciones sumarias, saqueos… Jules Favre interviene en el Cuerpo Legislativo:



Se habla de pacificación; pero, ¿cómo se pacificó? He aquí ciertas noticias sobre las cuales Le Moniteur [periódico oficial] ha sido intimado a dar explicaciones y ha callado. Si son exactas, digo que son una mancha en la historia de Francia. Leo en un diario de París, con fecha de 19 de abril: “la pacificación se va completando cada vez más; el general Castagny ha incendiado una villa, Romero y otros jefes han sido ejecutados”. Ahora bien: ¿cuál es esa villa incendiada? ¿Qué es San Sebastián de La Noria? Una población de cuatro mil almas. En la proclama del mismo general, en la cual trata del destino reservado a los que no se someten, encuentro: “Mexicanos, yo he venido a proteger vuestra propiedad”. ¡Proteger la propiedad es incendiar un pueblo!

Una voz: “No habla usted de los bandidajes que han causado esas represalias”.

Rouher, ministro de Estado: “¡En sus guaridas de bandidos!”.

Garnier-Pagès [republicano]: “¡Una villa entera incendiada!”.

Pelletan: ¡Eso pasa en Polonia! [La insurrección polaca de 1863, duramente reprimida por los rusos.]

La discusión del presupuesto, en junio, le da a Thiers la oportunidad de decir que la expedición había costado ya más que la guerra de Italia, con el agravante de que no había conseguido una victoria decisiva, nada comparable a Magenta y Solferino. Pide la evacuación inmediata: “Yo sé que costará algo al amor propio del gobierno, pero Caulaincourt dijo a Napoleón, en un memorable ocurso: ‘Señor, haga Usted esta paz; será costosa a vuestro amor propio, pero nada costará con ella a vuestra gloria, porque ésta es la de la Francia y la gloria de la Francia nada tiene que sufrir por las proposiciones que le hacen’ ”. Concluye, el 2 de junio, que si no llaman las tropas ahora, Francia caminará a la bancarrota o a las contribuciones ruinosas.

La oposición no tuvo conocimiento de la carta del mariscal Randon a Bazaine: “Los oficiales que regresan de México son unánimes para hacerle una espléndida justicia a la confianza que Usted inspira, pero (dicen) que el número de los partidarios de la intervención a favor del Imperio va disminuyendo. Sé muy bien que hay que tomar en cuenta esa inclinación por la crítica, por desgracia demasiado propia a nuestro espíritu militar, pero…”.

Nada menos que el ministro de Relaciones, Drouin de Lhuys, para decir al discreto enviado mexicano de Juárez, Jesús Terán, que ni él, ni Fould, ni Randon jamás habían sido favorables a esa intervención.

La noticia de la ley del 3 de octubre de 1865, firmada por Maximiliano, confidencialmente asumida por Bazaine (circular a sus altos mandos, del 11 de octubre), ley de terror contra los enemigos que serán fusilados sin juicio, levanta de nuevo la crítica.

El año termina con esta reflexión decepcionada de Pedro Santacilia quien escribe a Juárez: “Es preciso desengañarse y no hacerse ilusiones: todos los europeos son iguales. Si hubiere una revolución en Francia y subiese al poder Jules Favre, éste mandaría refuerzos a Bazaine para asegurar, si podía, la conquista de México”.

1866
El 22 de enero, en su discurso de apertura del Cuerpo Legislativo, Napoleón declara que todo va bien, que está preparando con Maximiliano la salida del ejército francés, para tranquilizar a los Estados Unidos. Si el Senado felicita al emperador, los diputados, acaudillados por Thiers y animados por el vehemente Glais-Bizoin, dicen que hay que terminar cuanto antes, porque Austria y Prusia marchan a la guerra, mientras que en México la presión de Washington es cada día más agobiante.

La situación europea y la guerra relámpago de Prusia contra Austria, que culmina con la victoria prusiana en Sadowa, aleja a México de las preocupaciones francesas, tanto más que las tropas empiezan a regresar. A principios de octubre, La France afirma:

Nuestro regreso no es una retirada. Salimos con tambor batiente y banderas desplegadas, como conviene a vencedores que no creen que deban llevar adelante su empresa. Pero, una vez que en esas regiones hemos decidido poner la espada en su vaina, ¿no sería conveniente envainarle de una vez para siempre, y no exponernos a la obligación de sacarla de nuevo? En tales circunstancias, nos parece que cuanto antes mejor. [Opina que la evacuación completa y simultánea es más conveniente que la escalonada.] En todo caso, nos parece que ha llegado el momento de cortar definitivamente la cuestión mexicana.

1867
El 9 de julio, en el Cuerpo Legislativo, Thiers, apoyado en documentos y en sus discursos de los cinco años anteriores, recapitula de manera contundente e implacable toda la historia, desde el proyecto hasta el desastre final. No es una crítica demoledora ex post, porque lo había dicho y profetizado correctamente desde el primer día. Entre muchas otras cosas, dijo algo que sirve para nuestro tema:

Si hubo jamás una expedición que no convenció a la Nación, ni aun a los poderes públicos, es aquélla… Toda Europa la juzgó como podemos juzgarla hoy, después del acontecimiento tristemente cumplido. Recuerdo las burlas arrogantes, que me perdonen la palabra, de los diarios extranjeros, los de Alemania, principalmente los de Inglaterra, el único país que se beneficiaba de nuestra expedición mexicana. Decían: nuestros turbulentos vecinos necesitan ocuparse, muy bien; esa ocupación es fuerte, considerable, nos liberará de sus empresas… Y en Francia, ustedes lo saben, nadie cedió a la seducción de México. Si hubo empresa que el país haya juzgado y condenado universalmente desde su principio, ciertamente es aquélla… La Cámara no aprobaba la expedición mexicana, si se negaba a un acto de resistencia al poder, fue por un sentimiento de apoyo que creía deber al gobierno. (Movimientos diversos en la Asamblea-Asentimiento sobre un gran número de bancas.)

Luis Maneyro, ex cónsul de México en Le Havre, comenta, el 23 de julio, los discursos de Thiers y Favre en estos términos:

Un francés liberal habrá quedado satisfecho de los discursos de los señores Thiers y Favre, pero yo, como mexicano, no lo estoy. Mucho pudieron decir con arreglo a la justicia en nuestro favor. Guardaron, en particular el primero, un silencio calculado, sobre todo lo que podría redundar en desdoro para la Francia. La cuestión de México es para los opositores de Napoleón un medio para atacarlo, sin que en realidad sientan por nos verdadera simpatía.

Tema de otro ensayo son la oposición de la colonia francesa y del ejército francés a la intervención, oposiciones que lo mismo que la aquí tratada han tenido una influencia más importante que lo que dice la historiografía tradicional, la cual atribuye la decisión imperial de retirarse a dos batallas: Appomatox y Sadowa. Juárez fue más lúcido que los historiadores.

Jean Meyer. Historiador. Su obra más reciente es La gran controversia. Las iglesias católica y ortodoxa de los orígenes a nuestros días.

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hace 150 años el general George Bibescu narró la intervención francesa

Mensaje por Lanceros de Toluca el Mayo 8th 2012, 16:34

Muestran contraste en terreno de batalla
Bogdan Visan, historiador y periodista rumano, recorre la misma ruta por la que hace 150 años el general George Bibescu narró la intervención francesa (Expedicion de México)
Luis Carlos Sánchez/Enviado


Reviven la batalla que “venció prejuicios”

PUEBLA, 6 de mayo.- Hace 150 años, junto con el ejército francés del conde de Lorencez, viajó el príncipe rumano George Bibescu. Con rango de general, el noble asumió también el rol de cronista de toda la campaña intervencionista. En cada una de las paradas mexicanas, Bibescu realizaba un retrato, calificado por muchos como imparcial, de lo vivido.

Siglo y medio después, el historiador y periodista Bogdan Visan realiza el mismo recorrido que hizo su compatriota por México para contrastar cómo ha influido el tiempo en cada sitio y de qué forma su población ha asimilado el hecho histórico. Auspiciado por una beca de la Secretaría de Relaciones Exteriores en cooperación de Radio Educación, Radio Oro de Puebla y Radio Rumania Cultural, el proyecto desembocará en una serie de cápsulas radiofónicas que se transmitirán en Rumania y en México, a través del 1060 de A.M.

“Es un proyecto radiofónico que consiste en un recorrido tras los pasos de Bibescu, él fue un príncipe rumano que participó como general en las batallas de la intervención. Es un itinerario que comienza en Puebla hasta Veracruz. La intención es descubrir hechos históricos y comparar cómo era en la época y cómo viven los mexicanos hoy, así como discutir con historiadores y cronistas de las localidades”, señaló.

Bibescu dejó testimonio en su libro Hacia México 1862, batallas y retirada de los seis mil, y el tomo sirve de guía a Visan. Su adhesión al ejército francés obedeció a una moda de la época en la que los miembros de la nobleza se enlistaban en las filas militares para vestirse de honor. La mirada de Bibescu resultó en cierto grado alentadora, pues, de acuerdo con Visan, se refleja cierta admiración por el pueblo mexicano.

El periodista y su colaboradora de Radio Educación, Sandra Karina Hernández, ya han visitado algunas poblaciones. El resultado, dice, arroja que la población está deseosa de conocer más de su historia. “La gente muestra un gran interés, siento que está deseosa por conocer más de su historia”.

El trabajo de Bibescu no se limitó a describir las batallas entre mexicanos y francesas, sino que también describió las costumbres del país. “Detalló los lugares por donde pasaban, lo que veía”. Su libro fue publicado en París en 1887 y la prensa especializada de la época publicó críticas elogiosas, además Bibescu recibió un Premio de la Academia Francesa; en México el liberal José Gamboa publicó un amplio comentario en el que dice: “Es de elogiar la imparcialidad del autor al presentar la vida real del pueblo mexicano”.

Desgraciadamente, señaló Visan, Bibescu ha sido prácticamente olvidado y sólo historiadores y especialistas le conocen. Al término de su estadía en México, Bibescu regresó a París y se convirtió en un gran escritor y organizador de acontecimientos culturales y económicos en su país. “Fue el comisario rumano de la Exposición Internacional de París en 1889”, recuerda Visan.

Al final, la impresión que se llevaría de México el rumano parece la de un admirador de la cultura mexicana. “Es un escritor con un estilo realista, no hace casi metáforas, es como un periodista de hoy”.

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Re: La Intervención Francesa

Mensaje por spartan el Mayo 9th 2012, 21:56

me doy cuenta de que no toda la historia esta completa,son historias como estas las que la complementa.muy buena informacion

spartan
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2 de abril de 1867 Aniversario de la toma de Puebla.

Mensaje por Lanceros de Toluca el Abril 2nd 2013, 22:23

2 de abril de 1867 Aniversario de la toma de Puebla.

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Al tomar Puebla las tropas francesas en el año de 1863 facilitaron el arribo del Emperador Maximiliano y su esposa el 28 de mayo de 1864, esto originó descontento por la imposición de un régimen imperialista. No obstante, para 1866 el Imperio de Maximiliano, se encontraba en decadencia, manteniendo a duras penas bajo su poder las ciudades de México, Puebla, Veracruz, Querétaro y Morelia.

En el norte dominaban los Generales Mariano Escobedo y Ramón Corona, mientras que en el sur el General Porfirio Díaz amenazaba con tomar Puebla, a la que tenía sitiada desde el 9 de marzo de 1867, presionando a esta ciudad defendida por el jefe Conservador Noriega. Escobedo y Corona se reunieron para sitiar Querétaro, por lo que el Lugarteniente del Imperio de Maximiliano, General Leonardo Márquez acudió en auxilio de Querétaro con dos Brigadas de Caballería integradas por 1,100 hombres, sin embargo, al tener noticias de la situación desesperada en la que se encontraba Puebla se dirigió a este lugar.

El General Díaz incorporó en sus filas a las tropas irregulares que operaban en el área y bloqueó los principales caminos a esta ciudad. La proximidad de las tropas del General Márquez inquietó al Ejército Republicano por lo que se convocó a una junta de Generales llegando a la conclusión de asaltar y tomar Puebla para después volverse en contra del General Márquez y evitar su llegada a Querétaro.

De manera que se realizó una demostración de fuerza sobre el Convento del Carmen que era el lugar más sólido de la defensa, en donde se encontraban gran parte de los efectivos sitiados. Durante la madrugada la tropa republicana llegó sigilosamente al lugar del ataque, a las 2 de la mañana del 2 de abril de 1867, los Generales Figueroa y Pinzón atacaron el Convento del Carmen, mientras que el resto de los efectivos permaneció en sus puestos hasta que el General Díaz dio la orden a las tres y media de asalto general, fue cuando las trece columnas atacaron al adversario logrando penetrar en la plaza.

Los conservadores resistieron con tenacidad, sin embargo, al amanecer Puebla había caído en poder de los Republicanos. El combate costó a las tropas republicanas 1 jefe, 6 oficiales y 246 individuos de tropa muertos, mientras que los imperialistas perdieron su armamento y 2,000 prisioneros. El General Díaz reorganizó a su tropa y mandó parte de su caballería a acosar al General Márquez quien se detuvo en San Lorenzo perseguido también por la caballería del General Guadarrama; en esta población fue batido por el General Díaz el 9 de abril. La toma de Puebla constituyó una derrota clave para los imperialistas, contribuyendo decisivamente al triunfo de la República.
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La Batalla del 2 de abril de 1867 marcó, en definitiva, el inicio del fin del Segundo Imperio. Napoleón III, que ya le había retirado su apoyo a Maximilano de Habsburgo, fue retirando sus tropas expedicionarias (desde el 13 de febrero del mismo año) en previsión de una guerra con el estado alemán recientemente unificado por el canciller Otto von Bismark.

Para los primeros meses del año de 1867, el ejército de Oriente comandado por Porfirio Díaz, ya había tomado mucha fuerza desde las victoriosas batallas de Miahuatlán y de la Carbonera sobre las fuerzas europeas.

Aunque algunas tropas conservadoras leales al emperador siguen en pié de guerra, el desenlace parece estar claro: mientras el último comandante francés (Achille Bazaine) de la fuerza invasora se embarcaba con rumbo a Europa, Porfirio Díaz asediaba la ciudad de Puebla.

Los papeles se habían invertido, y a diferencia de 1863, Puebla ahora era asediada, desde el 9 de marzo de 1867, por las tropas del general Díaz.

El general conservador Leonardo Márquez, jefe del Estado Mayor de Maximiliano, había sido enviado a la ciudad de México con el fin de reunir tropas y dinero extra para auxiliar al emperador, que por su parte, se encontraba sitiado junto con Miramón, Mejía y Méndez en la ciudad de Querétaro.

Pero en lugar de correr en auxilio de las asediadas fuerzas imperiales, decidió enfrentar al general Díaz en las afueras de Puebla. La batalla final por Puebla se dio en la madrugada del 2 de abril de 1867 y principalmente se llevó a cabo en el Convento del Carmen. El general Porfirio Díaz volvía a alzarse con un importante triunfo para la causa republicana.

Tras esta importante batalla, el general Leonardo Márquez y los restos de su columna, huyeron a la ciudad de México seguido muy de cerca por el general Díaz que, sin perder tiempo, sitió la ciudad hasta el 21 de junio, fecha en que la capital quedo bajo su control.
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Re: La Intervención Francesa

Mensaje por Lanceros de Toluca el Abril 2nd 2013, 22:24

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La historia íntima del archivo del secretario de Maximiliano

Mensaje por belze el Mayo 6th 2013, 04:25

La historia íntima del archivo del secretario de Maximiliano

El Centro de Estudios de Historia de México Carso resguarda documentos privados de José Luis Blasio, el hombre que conoció los secretos del emperador

Domingo 05 de mayo de 2013
Abida Ventura | El Universal

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RESCATE DOCUMENTAL. En la imagen, el historiador Manuel Ramos Medina, director del Centro de Estudios Carso, sostiene una fotografía de José Luis Blasio que forma parte del archivo. (Foto: ALMA RODRÍGUEZ I EL UNIVERSAL )

José Luis Blasio (Ciudad de México 1842-1923) tenía apenas 22 años cuando Maximiliano de Habsburgo lo eligió para ser uno de sus más cercanos colaboradores: su secretario particular. Desde 1864 y hasta la muerte del Emperador, este joven mexicano que dominaba idiomas como el francés, italiano y alemán, fue testigo de la vida privada y los entresijos del Imperio.

Su cercanía con el archiduque y sus experiencias durante este periodo histórico lo llevarían a publicar en 1905 en París Maximiliano íntimo: el Emperador Maximiliano y su Corte. Memorias de un Secretario Particular, obra única en donde Blasio describe la vida palaciega, las costumbres y gustos del monarca, de su carácter bromista, de su amor por la naturaleza y por la cultura indígena.

Fuera de esas memorias, la historiografía ha olvidado a este personaje clave, refiere el historiador Manuel Ramos Medina, director del Centro de Estudios de Historia de México Carso. Fundación Carlos Slim.

Pero desde hace más de un año, este centro de estudios resguarda el archivo privado de este personaje que de ser el “empleado de los sitios imperiales”, como otros protagonistas de ese episodio histórico, pasó a ser minimizado por haber colaborado con Maximiliano.

El archivo consta de ocho carpetas que contienen 696 legajos y 47 documentos gráficos, que van de 1860 hasta 1995, ya que el acervo fue enriquecido después de la muerte de Blasio por la familia del general y doctor Ernesto Cuevas Alvarado, quien por mucho tiempo custodió el acervo hasta que decidió trasladarlo a esta institución para ponerlo a disposición de los investigadores.

El fondo Ernesto Cuevas Alvarado. Manuscritos y fotografías de José Luis Blasio, como ha sido clasificado, concentra documentos que constituyen una valiosa fuente de información respecto al Segundo Imperio mexicano y sobre la vida personal de un hombre que se encargó de guardar los secretos del propio Emperador.

“Las cuestiones políticas están en otros archivos, como el Archivo General de la Nación o en archivos extranjeros. Éste es un archivo muy interesante porque nos habla de la vida personal de un individuo que estuvo al servicio del emperador, que tiene que salir del país cuando la emperatriz viaja a Europa para pedir ayuda a Napoleón III y está con el emperador en los últimos momentos de su vida”, destaca Ramos Medina.

Entre cartas, postales y fotografías

De este valioso fondo, que ya está digitalizado y disponible para su consulta en el sitio [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] destacan más de 20 cartas fechadas entre 1865 y 1866 que Blasio envió a la que sería su esposa, Adela Iglesias Guerra. Esta correspondencia es un material valioso porque, además de que refleja la vida cotidiana de aquella época, aporta datos sobre el viaje que él realizó a Europa, cuando es comisionado por el propio Maximiliano para acompañar a su esposa Carlota, en el viaje que realiza en busca de ayuda para salvar el Imperio.

Blasio partió a Europa semanas después del buque en que viajó la Emperatriz para llevarle documentos importantes y a bordo del paquebote La France, Blasio describe en las cartas que envió a su “adorada Adela”, la nostalgia de despedir a su “querida patria”, además de que describen el ambiente convulso en el que se comenzaba sumir el imperio de Maximiliano. Por ejemplo, en una carta fechada el 14 agosto de 1866 relata los imprevistos durante su trayecto hacia Veracruz, donde unos guerrilleros lo amenazan con fusilarlo por ser “correo del emperador”.

“La comunicación epistolar se extiende durante todo el viaje y es una mina de conocimientos sobre la vida privada de Blasio y sus impresiones tanto en el barco como su llegada a Europa. Es una documentación que debe ser revisada y publicada porque además de ser una pintura de la época, nos da datos sobre la política, la sociedad y la economía de uno de los periodos más interesantes de nuestra historia”, dice Ramos Medina.

“En esas cartas él está haciendo una narración muy interesante de lo que le está aconteciendo, y es a Adela, a su futura esposa, a quien le cuenta lo que le está sucediendo, en el momento en que los tiempos para Maximiliano ya no son tan favorables”, añade la historiadora Josefina Moguel Flores, jefa del archivo histórico de la institución.

El archivo se enriquece con recibos, postales de su estancia en Europa, con fotografías personales o de su familia, algunas todavía sin identificar. Entre estos documentos gráficos destaca un retrato de Carlota y otro de Maximiliano.

Una buena parte de la documentación se refiere a la vida modesta que José Luis Blasio llevó en México después de la ejecución de Maximiliano de Habsurgo. “Es un personaje que el mismo sistema político mexicano lo hace a un lado porque estuvo al servicio del emperador. Después trabaja en Ferrocarril Mexicano y es un hombre que vive con una dignidad muy fuerte pero de manera muy humilde”, cuenta Manuel Ramos.

En sus últimos años de vida, agrega, José Luis Blasio vivió con la familia de Cuevas Alvarado, ya que ellos le daban hospedaje debido a su precaria situación económica.

Fondo del Segundo Imperio

La llegada del archivo privado de José Luis Blasio a este centro de estudios también es importante porque enriquecerá la colección de documentos que resguarda en torno a la Historia del Segundo Imperio. Entre otros, el Fondo Aguilar y Marocho, que resguarda una carta donde se explica la locura de Carlota, el Fondo Juan N. Almonte, Manuel Larrainzar y el de la familia Martínez del Río.

Este acervo privado, comenta Ramos Medina, es el otro tipo de archivo, el familiar, “el que nos lleva a la petite histoire”, la que nos abre el camino para preparar las biografías de estos personajes, los que ayudados por lo archivos oficiales nos pueden acercar de forma más certera al individuo, a su desempeño privado”.

Cada uno de estos archivos tienen un valor extraordinario, añade Moguel Flores. “Todo eso es muy trascendente. La gente que estudia a Maximiliano de Habsburgo se congratula de recibir información, sobre todo de Blasio, que fue el encargado de destruir el archivo de Maximiliano o parte de la correspondencia”.


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Re: La Intervención Francesa

Mensaje por CaballeroDelMar el Mayo 25th 2013, 10:32

Comparto mas informacion del tema sobre la Batalla de Camaron, Camarone para los camaradas Franceces...

La batalla de Camerone es una de las páginas más gloriosas de la historia militar. En esta batalla, la Legión Extranjera Francesa ganó fama eterna, al enfrentarse 60 legionarios a un ejército de 2000 soldados mexicanos, durante el conflicto ocasionado por la invasión francesa de México. Desde 1904 la batalla ha pasado a formar parte del misticismo de la Legión Extranjera Francesa, que conmemora cada año en un emotivo ritual a sus muertos en Camerone. Esta batalla representa los ideales de la Legión: cumplir con el deber hasta el final, pase lo que pase. Representa a los hombres que prefieren morir a rendirse, por eso el nombre Camerone está escrito con letras de oro en la historia de Francia y de México, que hoy en día honran unidos a aquellos héroes.

La batalla de Camarón, o “Camerone” en francés, se enmarca dentro de la guerra entre Francia y México a mediados del siglo XIX. La guerra estalló como consecuencia de la invasión de México en 1861 por parte de Francia, España y Gran Bretaña. México estaba gobernado por el gran presidente Benito Juárez, quien al iniciar su gobierno pidió una moratoria en el pago de la deuda externa a las potencias de Europa, al no poder afrontar los pagos inmediatamente como le exigían estas potencias. Como si de matones mafiosos se tratara, estas potencias invadieron México con sus ejércitos para forzar al gobierno de Juárez a pagar sus deudas. Juárez ordenó no oponer resistencia para evitar una guerra y mandó una comisión diplomática a negociar con Juan Prim, general español representante de la Triple Alianza entre España, Gran Bretaña y México. Como resultado de estas negociaciones se llegaron a los acuerdos de “La Soledad”, el 19 de Febrero de 1862, mediante los cuales México emitiría unos bonos de garantía para pagar su deuda. España y Gran Bretaña aceptaron el acuerdo y retiraron sus ejércitos, pero Napoleón III, emperador de Francia, se negó a marcharse. En aquellos años Francia era la nación más poderosa de Europa y sus ejércitos eran considerados invencibles, así pues decidieron aprovechar su superioridad para apropiarse de México, practicando un nuevo colonialismo, basado en el control económico y político, en vez de la colonización total. Francia aprovechó la debilidad política de EE.UU., que estaba en plena guerra civil y no podía intervenir en ayuda de México.

La primera acción militar del general francés Charles Ferdinand de Lorencez, al mando de 6000 hombres, fue un intento de tomar la ciudad de Puebla, pero fracasó y tuvo que pedir unos refuerzos de 20000 hombres a Francia. Estos refuerzos, al mando del general Elie Frederic Forey, llegaron a principios de 1863. Entre ellos se encontraban 3 batallones de la Legión Extranjera Francesa al mando del veterano coronel Jeanningros. Al principio de las operaciones militares contra los ejércitos de Juárez, los legionarios franceses se dedicaron a tareas logísticas de vigilancia de convoyes de suministros en zonas donde abundaba la malaria, ya que siempre se encargaba a los extranjeros de la Legión las tareas más duras y peligrosas. La Legión había sido creada en 1831 como una unidad de choque formada por soldados extranjeros y mandada por oficiales franceses. Su objetivo era luchar en las zonas más duras como tropas de choque y ahorrar así vidas entre los naturales de Francia, desangrada tras las Guerras Napoleónicas. Era un cuerpo único en el mundo ya que tenía una fuerte cohesión interna, los extranjeros se unían por fuertes lazos de camaradería ante el rechazo que sufrían por parte de la sociedad. Los legionarios amaban a la Legión por encima de todas las cosas, era un hogar para los que no tenían hogar ni futuro, una religión en la que estaban hermanados. Diversos conflictos como las durísimas guerras de Argelia y Crimea habían hecho de la Legión Extranjera un cuerpo de élite, que siempre luchaba al máximo y sufría muchas bajas.

El 15 de abril de 1863 partió desde Veracruz un convoy compuesto por 64 carretas que llevaban municiones y cañones al ejército que atacaba Puebla y cofres con 14 millones de pesos en plata y oro para pagar a las tropas francesas. Los espías mexicanos rápidamente se enteraron del envío y lo trasmitieron al coronel mexicano Francisco de Paula Milán, que organizó rápidamente un ejercito destinado a capturar el convoy. Para ello reunió a tres batallones de infantería de la Guardia Nacional de las ciudades de Veracruz, Xalapa y Córdoba, en total 1200 hombres, además de 800 hombres de caballería, entre irregulares y lanceros. La caballería mexicana irregular era una tropa muy móvil y muy bien armada con rifles de repetición Remington y Winchester y con revólveres Colt, fabricados todos ellos en EE.UU. Era una tropa casi de élite, que en vez de hacer cargas suicidas con lanzas y sables al estilo de la época, se dedicaba a abrasar a tiros a sus enemigos. Así pues este ejercito de 20000 hombres, entre infantes y jinetes, partió a apropiarse del convoy.

La casualidad hizo que el coronel René Jeanningros, jefe de los 3 batallones de la Legión, que estaba acampado en Chiquihuite, se enterara por una mujer mexicana que los mexicanos de Milán atacarían el convoy a la altura de Palo Verde. La mujer era hija de un sargento de Milán y escuchó el plan de boca del propio Milán mientras se lo contaba a su padre. La mujer escuchó que los atacantes no dejarían testigos con vida y decidió recurrir a los franceses para salvar a su enamorado, que viajaba en el convoy. El coronel Jeanningros no podía dejar Chiquihuite sin guarnición y decidió mandar a la mujer al pueblo de Soledad, donde estaba el convoy para alertarles. Su ayudante de estado mayor, el capitán Jean Danjou pensó que la mujer podía ser descubierta y no llegar a tiempo y decidió junto con los tenientes Villain y Maudet llevar una compañía de la Legión a Palo Verde esa misma noche para hacer un reconocimiento al amanecer por la ruta de Soledad y ver si el convoy había sido alertado o no.

Los tres oficiales al mando de la patrulla eran veteranos expertos de la Guerra de Crimea y las campañas de Italia contra los austriacos. El capitán Danjou era un veterano de 35 años que llevaba más de 10 en la Legión. En 1853, siendo teniente de la Legión en la Guerra de Crimea, perdió una mano, al disparársele por accidente el fusil, pero Danjou se sobrepuso a la tragedia y mandó que le fabricaran una de madera para poder seguir en el ejército. Tras esto se cubrirá de gloria en el asalto a Sebastopol y será ascendido a capitán. Posteriormente participará en la campaña de Italia contra los austriacos. Danjou se distinguirá en las sangrientas batallas de Solferino y Magenta, en 1859, las cuales fueron tan trágicas que dieron lugar a la creación de la Cruz Roja, para ayudar a los heridos en combate. El teniente Villain, de 27 años, era también un veterano que fue herido en la batalla de Magenta. Por su valor en esta batalla fue nombrado “Caballero de la Legión de Honor”. El subteniente Maudet tenía 34 y también había participado en la Guerra de Crimea, donde había ganado una medalla por seguir luchando tras ser herido.

Junto a estos 3 oficiales partieron 5 suboficiales, 6 Cabos y 51 Legionarios de la 3ª Compañía del Batallón Regnault. De la tropa destacaban el sargento belga Jean Germys, condecorado en Crimea y herido en Italia, el cabo André Pinzinger, de Bavaria, con 9 años de servicios y con varias medallas ganadas en Crimea e Italia y el soldado Louis Maine, de 30 años, francés, sargento en Crimea y uno de los que plantaron la bandera francesa sobre la cúpula de la Torre Malakoff, siendo nombrado por ello “Caballero de la Legión de Honor”. El Sargento Maine hubo de renunciar a su rango para poder ir a México, ya que había suficientes plazas de suboficiales y partió como soldado raso. Otro soldado destacado fue Evaristo Berg, un subteniente francés de buena familia, que abandonó todo por ingresar anónimamente en la legión como soldado, llegando a ser cabo posteriormente.

El Capitán Danjou con la tropa mencionada y dos mulas con víveres y municiones partió el 30 de Abril de 1863. Tras la marcha nocturna y según lo planeado llegaron al amanecer a la aldea de Camarón, o Camarone, como la llaman los franceses, un conjunto de chozas de adobe y paja medias destruidas que con un conjunto de casas residenciales formaban lo que la “Hacienda de la Trinidad”, perteneciente a la familia Alarcón y abandonada por la guerra. Tras pasar la hacienda se dividieron en dos columnas para hacer un reconocimiento en un bosquecillo localizado entre la hacienda y Palo Verde, su punto de destino. Mientras las dos secciones estaban descansando en el bosquecillo de Palo Verde, unos legionarios descubrieron una polvareda cerca de Camerone, eran las tropas mexicanas y se dirigían en su dirección. Tras volver a reconocer el bosque las tropas regresan a Camerone, donde reciben disparos de francotiradores aislados. Tras ahuyentarlos la tropa busca agua infructuosamente. El tremendo calor y la dura marcha por el espeso bosquecillo, buscando al enemigo les había dejado sin una gota de agua

La compañía sin agua y no encontrando nada ni nadie, decide regresar a Chiquihuite, pero a los pocos metros de marcha descubren a los “Lanceros de Orizaba”, caballería mexicana del grupo de Milán y comandada por Joaquín Jiménez, que informado del número de legionarios por sus exploradores, divide a sus hombres para rodear a los legionarios. La compañía de legionarios forma en cuadro para hacer frente a los lanceros, con las mulas en el centro. Pero las mulas se espantan con el ruido y se escapan, siendo capturadas por el enemigo, quedándose los legionarios sin provisiones ni municiones extras. Tras rodearles, Jiménez ordena cargar a sus lanceros, que se lanzan al galope y lanza en ristre contra el cuadro, pero las certeras descargas de fusileria que lanzan los legionarios al grito de “¡Viva el Emperador!”, les detienen y les desbandan. Tras esto y para evitar nuevas cargas de caballería en campo abierto, Danjou decide parapetarse tras un pequeño muro y una valla de cactus que llega hasta la hacienda. Danjou esperaba que guarnición de granaderos del capitán Saussier que defendía el cercano Paso del Macho escuchara los disparos y acudiera en su ayuda. Tras rechazar una nueva carga y mientras el enemigo se reagrupa, Danjou decide replegarse para refugiarse en la hacienda antes de que una nueva carga acabe con los legionarios. En el repliegue hacia la bautizada por los franceses como “Hacienda Camerone”, son duramente acosados por la caballería y han de parar varias veces a lanzar descargas. Aún así logran llegar la mayoría, perdiendo solo 16 hombres.

Una vez en la hacienda y tras desalojar a varios mexicanos que la habían ocupado, los legionarios abren aspilleras en los muros para disparar y levantan barricadas. Tras esto Danjou ordena al sargento Morziki subir al techo para vigilar al enemigo. El sargento le comunica a Danjou que están rodeados de miles de enemigos. No sólo por las tropas del coronel Milán sino por cientos de guerrilleros y tropas irregulares que se habían unido al grupo de Milán esperando tener una parte en el botín obtenido al asaltar el convoy.

Mientras esperan el ataque, los legionarios combaten el calor y la falta de agua con una solitaria botella de vino. Los mexicanos mandarán a las 9:00 horas un emisario pidiendo la rendición del grupo ante la gran superioridad mexicana, miles de hombres, frente a los menos de sesenta del grupo legionario. El sargento Morziki le comunica al emisario desde su puesto en el techo que no se rendirán jamás. Tras esto los mexicanos lanzan continuos ataques en pequeños grupos, que son fácilmente rechazados por los legionarios, que sólo disparan sobre blanco seguro, ante la escasez de municiones.

Ataque tras ataque los mexicanos van ganando terreno y ocupan los muros externos y los establos, replegándose los legionarios hacia los muros del patio central de la hacienda. Posteriormente Danjou es abatido a las 11:00 horas, recibiendo un certero disparo en el pecho, disparado por francotiradores mexicanos que disparan desde el establo. Villain tomó el mando de la Compañía, los legionarios desde el patio combaten duramente y causan tremendas pérdidas a los atacantes, que no cesan de avanzar. En un momento dado los legionarios escuchan toques de corneta y ven una columna avanzar, todos piensan que son los granaderos de Saussier que vienen en su ayuda desde el Paso del Macho, pero el sargento Morziki les informa desde el tejado de que en realidad se trata de una nueva columna de infantería mexicana. Tras rechazar nuevas ofertas mexicanas para que se rindan al grito de “mierda” los legionarios sufren de nuevo ataques constantes. A las 14:00 horas el teniente Villain es abatido por francotiradores mientras atravesaba el patio. Maudet asume el mando y los legionarios siguen combatiendo como demonios furiosos, rechazando ataque tras ataque y llenando los alrededores de cadáveres de mexicanos.

El coronel Milán tras ver las numerosas pérdidas cambió de estrategia y decidió asfixiar a los defensores con humo aprovechando el viento, amontonaron paja y prendieron fuego a los establos y otros edificios. Tras un breve incendio el humo llenó el patio y los mexicanos aprovecharon para avanzar tomado posiciones muy favorables. Maudet, para entonces ya sólo cuenta dieciséis hombres en total de los 65 que formaban la 3ª Compañía para enfrentarse al asalto final. Tras una nueva oferta de rendición a la que no contestan, los legionarios sin apenas municiones reciben un furioso ataque que muchas veces tienen que rechazar a la bayoneta, uno a uno van cayendo. A las 18 horas ya no quedan más que cinco legionarios, los cabos Maine y Berg y los soldados Constantin, Leonard y Wensel. Tras acabárseles todas las municiones, el teniente Maudet, viendo que era el fin, les ordenó cargar a la bayoneta para morir como valientes. Gritando vivas a Francia y al Emperador los 5 supervivientes cargan, siendo acribillados a tiros por los mexicanos. Maudet cae herido y mueren dos soldados, los tres restantes son arrinconados y tras parlamentar se rinden ante el coronel mexicano Ángel Lucio Cambas, bajo la promesa de que se les respetarán armas y equipo y sus heridos serán atendidos.

En total, quedaban 23 hombres vivos de la 3ª compañía, estaban heridos 20 legionarios que junto al teniente Maudet, fueron transportados al hospital de Jalapa. Posteriormente moriría Maudet a causa de sus graves heridas, siendo enterrado con honores militares por los mexicanos. Los legionarios habían sufrido 26 muertos en combate: tres oficiales y 23 soldados, el resto de soldados y oficiales supervivientes estaban heridos. Los mexicanos habían perdido en el combate a más de 300 hombres. Además, los legionarios habían salvado al convoy que pretendía asaltar Milán, que consiguió evadirse al escuchar los disparos de la batalla. El convoy llegó a su destino y finalmente Puebla fue tomada con ayuda de los cañones y municiones del convoy. El capitán Danjou había salvado el convoy con su intervención voluntaria, además de causar graves perdidas a los mexicanos, convirtiéndose él y toda la 3ª compañía en héroes.

Al día siguiente de la batalla, el coronel Jeanningros llegó a la zona al frente de una columna de rescate, pero ya era tarde. Los mexicanos habían partido, dejando en una fosa común solo los cadáveres desnudos de los legionarios caídos en combate, devorados muchos durante la noche por los voraces coyotes. El coronel se encontró también a Casimiro Lai, el tambor de la compañía, que estaba gravemente herido y fue dado por muerto. Casimiro consiguió salir de la fosa y sobrevivir para poder informar al coronel Jeanningros de la batalla de Camerone. Entre los restos de la batalla, el coronel encontró la mano de madera del capitán Danjou, que desde entonces se veneró como una reliquia en el cuartel general de la Legión Extranjera Francesa en Sidi-bel-abbés, en Argel. Hoy en día se sigue venerando la mano de Danjou en el nuevo cuartel de la Legión, en Marsella. En Camerone la Legión había escrito su página más gloriosa, unos hombres decididos habían ido más allá de su deber, salvando al convoy y muriendo valientemente por ello. Había nacido el “Beau-Geste”, dar la vida desinteresadamente por la Legión y sus valores.

Tras la batalla de Camerone y la toma de Puebla, los franceses dominaron fácilmente México e instauraron el 10 de abril de 1864 a Maximiliano de Austria como emperador del país. Pero Juárez no se había rendido y seguía luchando con sus tropas contra Maximiliano y los franceses. Posteriormente Napoleón III le dejó solo al retirar sus tropas de México por la presión de los Estados Unidos, que ya habían resuelto su guerra civil, y por necesitar todas sus tropas frente a una posible guerra contra Prusia. El 19 de junio de 1867 el emperador Maximiliano fue fusilado por los juaristas, poniendo así fin a las intervenciones de Europa en los asuntos mexicanos.

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Leyenda dorada: la conquista de Querétaro

Mensaje por Invitado el Julio 26th 2013, 06:25

El territorio del estado de Querétaro fue ocupado en la antigüedad por diversas corrientes migratorias. Aquí la historia de la conquista de este territorio.
El territorio del estado de Querétaro fue ocupado en la antigüedad por diversas corrientes migratorias. Entre las primeras registradas por la historia están los grupos otomianos que, en los inicios de nuestra era, poblaron la amplia zona que rodea la cuenca de México y comprende los actuales estados de Hidalgo, México y Querétaro. En otro momento, la arqueología detectó la presencia de teotihuacanos y toltecas. Más tarde llegaron los chichimecas y hubo incursiones purépechas y aztecas que dejaron huellas de su paso por estas tierras. Por su condición de frontera entre Mesoamérica y Áridamerica, la región se prestó a fluctuaciones culturales y poblacionales que impiden fijar elementos propios de una cultura local originaria.

Con la caída de Tenochtitlan se acentuó la migración de otomíes al Bajío, conforme avanzaron las huestes conquistadoras. Dichos indígenas se establecieron en las cercanías de la actual ciudad de Querétaro, en una cañada conocida como Andamaxei, “lugar en donde se juega a la pelota”, y que en náhuatl, con igual significado, identificaban como Tlachco, quizá por la configuración topográfica similar a una cancha de doble cabecera.

Al arribo de los conquistadores, se le llamó a dicha cañada con la voz purépecha Crétaro o Queréndaro, que derivó en Querétaro, cuyo significado es “pueblo o lugar de peñas” y también se traduce como “juego de pelota”.

El encomendero Hernán Pérez de Bocanegra convenció al indígena Conin de que aceptara ser su vasallo, previo juramento de conversión a la nueva religión y fidelidad a la Corona Española. Conin fue bautizado con el nombre de Fernando de Tapia. Los militares españoles habían logrado dominar la región del señorío otomí de Xilotepec, lugar donde se planeó la conquista y pacificación del territorio queretano, y que a la manera culterana fue ponderado por Carlos de Sigüenza y Góngora al afirmar que ahí ejercía “particular influjo el signo de Sagitario, casa y gozo del benévolo Júpiter, causa suficiente de su admirable abundancia y de su deliciosa frescura, porque aunque su temperamento esencial es moderadamente caliente y seco, esta última cualidad accidentalmente se desvanece con la mucha copia de agua, que humedece y refresca el asiento y contornos de la ciudad. De los doce signos, por caer esta en la merindad boreal de la tórrida zona, pasan cada día por su zenit de los Peces al Septentrional, la cabeza y lomos de Aries, como también de Tauro, los muslos de Géminis, todo Cáncer y Leo, y la mano diestra de Virgo. De las otras constelaciones: .los muslos de Bootes, la cabeza de la Serpiente de Ofluco, y el cuello de este, la Saeta, el Pegaso y el brazo siniestro de Andrómeda".

Estudiar el episodio de la conquista de Querétaro es algo complejo por la escasez de fuentes documentales. Éstas han sido analizadas y contrastadas con la versión divulgada por los franciscanos. La historiografía frailesca, única fuente de información consultada hasta principios del presente siglo, refiere un combate -entre 60 000 hombres- sin armas, a mano limpia, proseguido de un eclipse, de las apariciones de una cruz refulgente y de la figura galopante de Santiago Apóstol. Al alborear el 25 de julio de 1531, las huestes de Fernando de Tapia y Nicolás de San Luis Montañez, y las de don Lobo y don Coyote, jefes indígenas, iniciaron la contienda, ”se enfrentaron cristianos y gentiles, en la loma conocida con el nombre de Sangremal que es esta misma en que hoy está la iglesia y colegio de la Santísima Cruz; y puestos en fila, en número igual de combatientes, se trabó de una y otra parte la lucha tan reñida, que llegaron a herirse a puños cerrados. Las voces, las cajas y los clarines resonaban entre tanto. Los que estaban a la vista disparaban hacia lo alto a carga cerrada, los fusiles y las flechas.

Con la polvareda que levantaban los pies, con el humo de la pólvora y con un eclipse que parece hubo a es tiempo, se oscureció el día con una opacidad tan pavorosa, que acongojaba los ánimos de todos. En medio de esta oscuridad observaron de repente, tanto cristianos como gentiles, una claridad tan viva que les llamó fuertemente la atención aún a los mismos combatientes: y vieron en lo alto del cielo, suspensa en el aire, una cruz refulgente, de color entre blanco y rojo, como de cuatro varas de largo, y a su lado, el batallador patrono de España, el Apóstol Santiago, en su blanco corcel, como ya en muchas otras ocasiones se había aparecido en las batallas de los españoles contra los gentiles, decidiendo todas ellas a favor de los cristianos, y cuyo día era. Con este prodigio, terminó la enconada lucha entre cristianos y gentiles, los cuadillos del ejército conquistador tomaron posesión del lugar en nombre del Rey de España. Los gentiles sometidos se pacificaron y admitieron desde luego la luz del Evangelio que les proporcionaron los misioneros y pidieron en señal de paz, que se colocara una cruz en la cumbre de la toma del Sangremal, que fue el lugar donde se dio la batalla y donde se apareció la Santa Cruz y el Apóstol Santiago".

El "suceso" fue consignado únicamente por cronistas franciscanos, desde la primera mitad del siglo XVII. El texto más acabado de la efeméride, lo escribió fray Isidro Félix de Espinosa, con el cual inició su Crónica Apostólica y Seráfica de todos los Colegios de Propaganda Fide de esta Nueva España, publicada en México por la viuda de Hogal en 1746.

Es innegable que se dio una batalla, pero esta fue cruenta, con gran mortandad, no pudo ser de otra manera. Era imposible que se pactara una lucha amistosa con infieles. La verdadera historia fue revestida de alegorías.

Lo cierto es que Querétaro nació como pueblo de indios y así se mantuvo por más de 50 años. Fue hasta el año de 1655 cuando le fue conferido el título de ciudad. Su ubicación, entre la ciudad de México y las minas de Zacatecas, la favoreció. Fue paso obligado al Bajío, al norte y noroeste de la Nueva España, lo que le valió ser denominada la garganta de tierra adentro.

A partir de 1550 se empezaron a avecindar en la población familias de españoles que contribuyeron al mestizaje. Al fundirse las etnias, el castellano empezó a sustituir a las lenguas nativas.

Los caciques en general, desempeñaron funciones gubernamentales, judiciales y fiscales; su fuerza y poderío se dejó sentir hasta el segundo tercio del siglo XVII, después fue decayendo cuando se introdujo el régimen municipal con autoridades españolas. Entonces los caciques ladinos quedaron relegados como intermediarios para llevar litigios ante las nuevas instancias burocráticas. Fernando fue el elemento clave para la "conquista modelo", a él se debieron innumerables fundaciones y la colonización de grandes extensiones de terreno, por lo que le fueron concedidas generosas mercedes de tierra y vasallos para su servicio. Organizó los primeros repartos agrarios entre los indios, construyó canales de riego, participó en las incipientes labores agrícolas en el valle, fomentó el cultivo del trigo y chile, abrió el ojo de agua de La Cañada y desecó la ciénega de Carretas, con lo que se beneficiaron los lugareños. Gobernó sabiamente entre los naturales, de cuya república fue nombrado gobernador vitalicio; levantó las primeras casas consistoriales, en sus juzgados se tenían intérpretes que dominaban el otomí, el purépecha, el náhuatl y el castellano para ventilar las querellas posibles.

Fernando de Tapia contrajo matrimonio con Magdalena Ramírez, de origen otomí y sobrina de Nicolás de San Luis Montañez. Procrearon cinco hijos: Diego, Magdalena, María, Catalina y Beatriz. El Viejo cacique falleció en febrero de 1571.

Las hijas de Fernando de Tapia casaron con indios principales, caciques de comarcas circunvecinas, matrimonios con los que se establecieron alianzas para un mayor control de las zonas conquistadas. Catalina contrajo nupcias con Gaspar de Salazar, principal de Tajimaroa; Magdalena con Pedro Huitziméngari, de la estirpe michoacana; María con Miguel Ávalos, principal de Xilotepec y gobernador de Querétaro y Beatriz con Francisco de León, principal de Acámbaro y también gobernador de Querétaro. Todas enviudaron y de ninguno de estos enlaces se registró descendencia. Por lo menos tres de ellas no sabían leer y escribir el castellano, detalle. que no debe verse como incapacidad o resistencia.

Por su parte, Diego de Tapia casó con María García, de Xilotepec, y procrearon a Luisa, que años más tarde tomó los hábitos religiosos con el nombre de María Luisa del Espíritu Santo, y fue fundadora y patrona del convento de Santa Clara de esta Ciudad. Diego administró los cuantiosos bienes heredados de su padre y hermanas e igualmente participó con la Corona Española en la conquista de nuevas posesiones. Se dedicó con bastante provecho a la ganadería y a la agricultura. Falleció en noviembre de 1614. En 1633 sus restos mortales fueron trasladados al presbiterio del nuevo templo de las clarisas, del lado del Evangelio, en cuyo muro fue pintado su retrato orante y su escudo de armas.

En el segundo tercio del siglo XVII, con la muerte de la religiosa María Luisa del Espíritu Santo, se cerró el ciclo de las tres generaciones de esta familia de caciques. Los Tapia habían desechado su condición cultural de indígenas, vivieron, vistieron, pensaron, oraron y murieron como españoles.

Para algunos historiadores, la fundación de Querétaro, en 1531, fue una bien lograda adaptación teatral, cuyos antecedentes se remontan a la tradición religiosa y a los años de la liberación de España de la influencia mora. Se puede afirmar que los franciscanos, únicos pastores de almas y mentes de la región hasta la secularización de la parroquia en 1759, armaron desde el mismo siglo XVI, la "historia didáctica" del Auto de la Conquista de Querétaro, en donde mezclaron dos asuntos, el primero relacionado con la cruz de Constantino (IN HOC SIGNO VINCES: Con esta señal vencerás), y el segundo, emparentado con la tradición española de las apariciones santiaguinas.

No estaban haciendo nada nuevo, solo ponían en práctica tácticas probadas en otras épocas y lugares. De este modo, el argumento bien estructurado se incorporó a las crónicas, y a fuerza de repetirlo tomó solidez, al grado que en 1655, los principales elementos iconográficos de la leyenda dorada, fueron entresacados para plasmarlos en el escudo de la Muy Noble y Leal ciudad de Santiago de Querétaro. El escudo consta de tres cuarteles, uno superior y dos inferiores; el superior en campo azul, presenta al sol que sirve de pedestal a una cruz, con una estrella abajo de cada brazo. El cuartel inferior derecho en campo de oro, lo ocupa la figura de Santiago apóstol, a caballo, espada en mano. Y en el cuartel inferior izquierdo en campo de plata, con un fuerte significado eucarístico, se colocó una vid o una cepa con su fruto y unas espigas de trigo.

Se trataba de darle una atmósfera celestial a esta prometedora población, sacramentada por los seguidores del santo de Asís. Un argumento maniqueo y aleccionador cumpliría con el objetivo: un bando cristiano, otro de infieles. Una lucha singular, cuerpo a cuerpo. Los buenos casi pierden, los malos casi ganan. Los primeros clamaron la intervención divina y esta llegó a través de un eclipse, las sombras envolvieron al sol, se llegaron a ver las estrellas, encima del astro una gran cruz refulgente y en el cielo, el apóstol Santiago a caballo, blandiendo su espada. Los infieles se rindieron, ya que un símbolo más poderoso que el sol se posó sobre él; anhelaban abrazar la nueva religión y que se les administrara el bautismo. Esto se les leyó y se les representó vivamente en teatro, pinturas murales y sargas. Fue así como el episodio entró en lo profundo de las mentes de los neófitos. La conquista de Querétaro fue una puliendo en la biblioteca conventual, y sazonando con diversas plumas de cronistas quienes vieron en esta mentira piadosa, un acontecimiento ejemplificante y evangelizador.

Las fiestas de la Santa Cruz que se celebran a mediados de septiembre en Querétaro, son fragmentos que se rescataron, en el siglo XIX, del Auto de la Conquista de Querétaro. Dicha obra se componía de tres partes. La primera, constaba de diálogos ingenuos, entre los representantes de los bandos, mediante los cuales exponían sus razones y los porqués de sus actitudes de ataque y resistencia. En la segunda, se representaba un simulacro de lucha a brazo partido digno de pulsadores, gimnastas o danzantes; se veían personajes que representaban a Nicolás de San Luis Montañez y Fernando de Tapia, el legendario Conin, con todo y las apariciones de Santiago, la cruz y el eclipse, logradas con la ayuda de tramoyas, crespones y telones. Ese acto concluía en el momento de la rendición. La tercera parte, comprendía la evangelización de los vencidos, quienes festivos se manifestaban con cantos y danzas, frente a la cruz y al santo tutelar que en adelante los protegerían.

Ya para finalizar, los queretanos sabemos que las buenas intenciones y la tradición empedraron con solidez de monumento estos pasajes. La labor del investigador es ardua. Poco a poco, los documentos notariales de diversos archivos nos están aproximando al campo histórico. Mientras tanto, la leyenda dorada de la conquista de Querétaro, ya es Patrimonio Cultural de la Humanidad.

FUENTE:
http://www.mexicodesconocido.com.mx/leyenda-dorada-la-conquista-de-queretaro.html

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Batallon Egipcio conocido tambien como "Batallon Negro Egipcio" en México

Mensaje por belze el Octubre 3rd 2013, 19:59


Batallon Egipcio conocido tambien como "Batallon Negro Egipcio" o "Batallon Auxiliar Otomano"

Francia y el Virreinato de Egipto, independiente de facto del Imperio Otomano, cultivaban vinculos muy fuertes durante el siglo XIX, cabe recordar que Europa estuvo a punto de conocer una nueva guerra con la crisis de 1840 cuando Francia apoyò el Jedive (Virrey de Egipto) contra su Sultan y las cuatro potencias vencedoras de la Coalicion de 1815 Gran Bretaña, Rusia, Austria, Prusia.

Ademas de una presencia intelectual, habia tambien numerosos Oficiales e ingenieros Franceses en Egipto.

Conociendo los estragos del vomito negro (fiebre amarilla) entre las tropas del Cuerpo Expedicionario Francés el Jedive propone a Napoleon III la creacion de un batallon de 500 soldados Egipicios supuestos mas resistentes a las infecciones tropicales segun las teorias cientifico-raciales de la epoca.

En Alexandria en enero de 1863 las autoridades reunen 400 hombres reclutados esencialmente entre los Sudaneses y los habitantes del litoral del Mar Rojo, con la plantilla siguiente:

1 Bimbachi Comandante (Yabritallah Effendi)
1 Drogman Interprete
1 Susbachi Capitan
1 Melasemevel Teniente
1 Bach-Tchiaouch Sargente Mayor
6 Tchiaouch Sergentes
1 Belukemin Furriel
16 Ombachi Cabos y 372 Soldados
El batallon embarca el 7-8 de enero de 1863 pero para llegar al total de 500 hombres "100 reclutas han sido pescadas por la policia del Virrey la noche anterior" y se nota la presencia de 22 niños de 10-15 años de edad presentados como "los aprendices musicos sin instrumentos del batallon" (repatriados por las Autoridades Francesas cuando la tropa alcanzarà la Martinica). Durante la traversia el Batallon se muestra "indisciplinado, insolente, de un desaseo inimaginable".

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"el navio La Seine desembarca el Batallon Egipcio de Sudan ofrecido por el Sultan de Egipto a Napoleon III para formar la guarnicion de Vera Cruz"
Periodico "L'Illustration"


Los Egipcios alcanzan Vera Cruz el 24 de febrero, ciudad que constituye su principal guarnicion durante los cuatro años de su presencia en México.

Pero el objetivo de tener una unidad en Vera Cruz mas inmunizada en razon de su origen etnico està muy lejos de realizarse, en junio fallece del vomito negro el jefe de cuerpo, Yabritallah y los Egipcios no ofrecen una mejor resistencia a esta enfermedad, finalmente mucho menos que los Europeos.

No obstante eso, el Batallon queda en las Tierras Calientes, dividido entre Vera Cruz, Minatitlan, Medelin, La Purga, La Soledad, Camaron (Camerone), Castastla, Paso del Macho, La Tejeria.

El General Forey comandante del Cuerpo Expedicionario juzga la tropa "sin ningun valor e indisciplinada".

Con la llegada en el cuerpo de seis Franceses para la administracion y 13 Tiradores Argelinos como interpretes la disciplina parece mejorarse pero con "86 muertos, 15 enfermos y los demas muy cansados los Egipcios tienen la moral baja, no estan muy tranquilos respecto a su futuro, muchos tienen una familia, la nostalgia de su pais, de su familia pueden agravarse, viven en México totalmente aislados, mal vistos por este pueblo intolerante que no admite sus convicciones religiosas" .

Principalmente confrontados a la guerrilla, utilizados para la proteccion de los trenes como infantes pero tambien como jinetes ya que una parte del batallon forma una columna movil a caballo, los juicios negativos se difuman aunque los Méxicanos tachan los Egipcios de brutalidad acusandoles de perpetrar represalias sangrientas con los habitantes de los pueblos cuando descubren un soldado muerto en las cercanias.

Se señalan en la toma de Canejole y Tlacotaplan, en Antegria un observador subraya "el ardor y el entusiasmo de los Egipcios en los combates".

Prueba de este buen comportamiento militar, el Batallon tiene el privilegio de formar una escolta de honor para la pareja imperial en Vera Cruz.

Con el fin de la Expedicion en 1867 el Batallon Sudanés reducido a 326 hombres, muchos condecorados de la Legion de Honor o de la Medalla Militar, figura entre las ultimas unidades que reembarcan, dejando 126 de los suyos en México y algunos desertores.

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Re: La Intervención Francesa

Mensaje por Centurio el Octubre 13th 2013, 22:08

No conocía la historia de este batallón aunque sí sabìa de la alianza de los franceses con los turcos desde tiempos de Francisco I (cuando Francia traicionó a la Cristiandad), la relación de Napoleon I con Egipto de donde se trajo sus mamelucos y por supuesto la relación de su sobrino Napoleon III el pequeño con Egipto de donde saca sus zuavos.

Lo que no me cuadra es la plantilla de este batallon con solo dos oficiales... creo que la nota esta mal. A menos que hubiera oficiales franceses a cargo, pero en ese caso no tendrían un comandante egipcio. En fin, eso no importa. Otro ejemplo de la manera prepotente y disparatada en que los gabachos (los franchutes, pues) invadieron nuestro país.
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Re: La Intervención Francesa

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