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El arriero de Galeana que hizo caer un Imperio

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El arriero de Galeana que hizo caer un Imperio

Mensaje por ivan_077 el Julio 19th 2014, 21:29


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El general nacido en Nuevo León fue una figura fundamental del siglo XIX; de aquellos que desde jóvenes se iniciaron en el camino de las armas y pasaron la mayor parte de su v1da en el campo de batalla. Debido a su reconocida vocación militar, combatió las invasiones estadunidense y francesa, peleo contra los conservadores, venció a los imperialistas, lucho contra Porfirio Díaz, fue gobernador y presidente de la suprema corte de justicia militar. Pero a d1ferencia de muchos caudillos de su tiempo, no ambiciono el poder político; fue un personaje que entrego su  vida entera a defender a México, donde fuera, como fuera y cuando fuera. Aquí su historia.

Celeste Bernal González*
* Maestra en Historia de México por el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara. Se dedica a la investigación y a la docencia, así como al estudio de la historia militar del siglo XIX.


“DE ALTA ESTATURA, larga barba negra, sus anteojos colocados en una nariz respetable, y su fisonomía huesosa”, hacían de Mariano Escobedo la viva imagen de “un judío de la Edad Media encerrado en su gabinete’ escribió en 1869 Albert Hans, oficial francés al servicio de Maximiliano de Habsburgo, en sus memorias sobre el sitio de Querétaro de dos años atrás. Las imágenes que conocemos del militar novoleonés confirman la descripción hecha por Hans; sin embargo, algunos rasgos de su personalidad pueden entreverse a! acercarnos a su vida privada y en especial a su trayectoria en la carrera de las armas, a la que dedicó una gran parte de su existencia.

Mariano Antonio Guadalupe nació el 16 de enero de 1826, en la misión de San Pablo de los Labradores, actual municipio de Galeana, en Nuevo León. Fue el hijo más pequeño de los seis que tuvo el matrimonio formado por don Manuel Escobedo y doña Rita Peña, cuyos apellidos están estrechamente relacionados con los primeros pobladores de aquella región novoleonesa, según el historiador Israel Cavazos. Las actividades del campo,  la agricultura y la arriería, eran las que daban sostén a la familia Escobedo Peña, por lo que Mariano vivió su infancia y juventud en un contexto familiar con una situación económica desahogada.

La educación que recibió en su niñez fue sencilla; a diferencia de sus hermanos mayores, quienes fueron a estudiar a la ciudad de Monterrey, él recibió sus primeras lecciones con una maestra de su pueblo. Como todos los niños de la época, aprendió a leer, a escribir, las cuatro reglas de la aritmética y el catecismo de Ripalda. El hecho de que su familia gozara de comodidades no impidió que sus padres cultivaran en él la responsabilidad de tener un trabajo, por lo que Mariano se dedicó al negocio familiar, especialmente a! comercio y la arriería. Las ocupaciones y la vigilancia cercana de su padre fueron, en gran medida, un freno para que no se fuera por un mal! camino debido a que el inquieto joven gustaba de ir a fiestas y ocasionalmente se envolvía en el ambiente propio de las juergas, en las que le gustaba derrochar. Aunque su carácter era alegre, algunas veces terminaba la parranda en altercados que no pasaban a mayores.

En el siglo xix, la vida en la frontera del norte de México no era sencilla; la lejanía del resto del territorio y las duras condiciones climáticas se sumaban al problema de la incursión de grupos de indios bárbaros que acababan con la tranquilidad de las familias que habitaban la región(nota de un servidor: léase Apaches). Entre estas circunstancias vivió sus primeros años, mismas que sin duda le forjaron el carácter y lo prepararon físicamente para sobrevivir en la carrera de las armas que estaba por iniciar.


SU BAUTIZO DE FUEGO

La invasión norteamericana que sufrió el país en 1846- 1848 se caracterizó, entre otras cosas, por ser un semillero de militares. Mariano Escobedo fue parte de esa generación que tomó las armas en defensa del territorio nacional, comenzando así su trayectoria militar. Con apenas 20 años de edad se presentó ante el capitán Francisco Martínez Salazar para incorporarse a la Guardia Nacional que éste mandaba y que se formó en Galeana al recibir la noticia del inicio de la guerra. Con el empleo de alférez marchó a Monterrey y ahí recibió su bautizo de fuego en la batalla que tuvo lugar entre el 21 y el 24 de septiembre de 1846, en donde combatió bajo las órdenes del general Pedro de Ampudia.

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Batalla de Monterrey.


No debió ser fácil para el joven enfrentar a las tropas del experimentado general estadunidense Zachary Taylor sin tener un adiestramiento militar profesional; seguramente meditó en algún momento sobre los peligros a los que su decisión podría exponerlo, pero su espíritu aventurero y el cariño hacia su tierra ocupada por tropas extranjeras lo hicieron decidirse y salir a combatir. Aunque no sería la última vez que tendría que hacerlo.
Entre los hechos de armas en los que demostró Sn talento natural para el combate durante la campaña contra el ejército norteamericano, está la captura que hizo en Galeana de 37 “americanos”, a quienes puso a disposición del gobierno. Para 1847 se encontró en la Angostura, en donde participó en la memorable batalla del 23 de febrero. En el teatro de la guerra los caminos se cruzan: en esa ocasión, la fuerza en la que marchaba estaba dirigida por el general Antonio López de Santa Anna, a quién saldría a combatir pocos años después.

Al término de la guerra en 1848 y con las tropas norteamericanas fuera del país, Mariano regresó a su tierra con la intención de retomar su vida en ci campo; sin embargo, la experiencia vivida en el campo de batalla lo capacitó para combatir a los indios seminómadas que asolaban la frontera, por lo que no abandonó del todo las armas. Tribus salvajes de lipanes en el norte de Nuevo León y comanches en el sur hacían indispensable la existencia de las Guardias Nacionales, en las que Escobedo se mantuvo activo; pasaba largas horas a campo abierto en persecución dci enemigo. Atrás había quedado el joven despreocupado que gustaba de parrandear sin perderse en él la intrepidez y la atracción por la aventura, tan características de su personalidad.


VOCACIÓN MILITAR

El escenario político nacional a mediados del siglo XIX estaba envuelto en constantes pronunciamientos y asonadas. En 1854 el cacique Juan Álvarez, junto a otros militares del sur del país, organizaron un movimiento revolucionario en contra del gobierno de Santa Anna que tuvo importantes repercusiones en el noreste. En Nuevo León fue aprovechada la insurrección y, además de apoyarla, surgió un movimiento local encabezado por Santiago Vidaurri, quien proclamó en Lampazos el Plan Restaurador de la Libertad y ocupó la gubernatura del estado.

De esta forma se inició una serie de combates en los que Mariano Escobedo tomó parte. Ya con las ideas liberales arraigadas en su mente, se incorporó a las fuerzas militares de Vidaurri; en ese momento tuvo como compañeros de armas a otros militares que comenzaban a tener renombre en la región, entre los que se encontraban Ignacio Zaragoza y José Silvestre Arramberri. Todos ellos formaron parte de la Guardia Nacional que tenía al frente a Juan Zuazua.

Los servicios que prestó Escobedo a esta causa fueron reconocidos, ya que daba un importante soporte a la organización militar. Durante este tiempo se ganó la confianza de Zuazua y Vidaurri, con lo que su carrera fue en ascenso, además de encomendársele mayor responsabilidad en la lucha que mantenían los fronterizos contra el gobierno de Santa Anna. Por otra parte, iba ganando prestigio y fama que traspasaban los límites de Nuevo León.
Durante la Guerra de Reforma su campo de actividad se extendió al interior del país y en la campaña que emprendieron los liberales estuvo bajo las órdenes de Santos Degollado. Por rencillas entre éste y Vidaurri, se vio en la necesidad de tomar partido por uno u otro y decidió permanecer con Degollado, por lo que se fracturó la relación con Vidaurri.

Los agitados tiempos de guerra que vivía el país requerían de su presencia en el campo de batalla, por lo que debía alejarse del hogar por largas temporadas; sin embargo, cuando se encontraba en casa no perdía la oportunidad de convivir con su familia. Quienes lo conocieron y escribieron sobre él, decían que era un esposo y padre amoroso, así como un hijo obediente que prodigaba respeto y ternura a su madre. Disfrutaba estar en casa y convivir con su familia, pero por otro lado no podía dejar la carrera de las armas. Escobedo era un militar nato, no tenla miedo de salir tras el enemigo, hacer las fatigosas marchas comunes en las campañas y, lo más importante, tenía el talento que se requería para dirigir un ejército.

Al iniciar la invasión francesa en 1862, su antiguo compañero, el general Ignacio Zaragoza, le solicitó que se incorporase al Ejército de Oriente (nota: el mote de Supremo se lo ganarían después de la Primera Batalla de Puebla) para combatir a las tropas francesas que se encontraban en Veracruz y avanzaban hacia el centro del país. Mariano, que en ese momento tenía el grado de coronel, acudió al llamado y tomó las armas. Nuevamente tendría que combatir a un ejército extranjero, cuyo adiestramiento y disciplina eran por todos conocidos. En ese momento nadie imaginó —quizá ni él— que aquel arriero de Galeana sería una pieza fundamental en la guerra contra la Francia.


EN ARAS CONTRA LOS FRANCESES

En todo el año de 1862 se mantuvo activo y se hizo más notoria su participación. Se le mencionaba en los partes de guerra, como en el de las cumbres de Acultzingo, y en el de la batalla del 5 de Mayo, donde se encontraba en las filas de la brigada de San Luis al mando del general Santiago Tapia, quien solicitó que se incorporara a su fuerza por considerarlo hombre de toda su confianza. El coronel Escobedo no tenía ningún inconveniente en subordinarse a otros oficiales: el país estaba primero. Sus compañeros de armas coincidían en que era de trato sencillo y se concentraba en el servicio a su patria; resaltaba en todo momento su vocación militar.

El año de 1863 fue muy importante en su trayecto ría. Debido a su desempeño en el sitio de Puebla, entre marzo y mayo, ascendió a general de brigada; después de concluido el cerco fue hecho prisionero, pero pudo evadirse y nuevamente se puso al servicio del Supremo Gobierno. El general Porfirio Díaz lo convocó a unirse al Ejército de Oriente que reorganizaba, y así combatió a los franceses con una brigada a su mando que operó en Oaxaca, Guerrero, Puebla, la ciudad de México y, por poco tiempo, en Querétaro y Michoacán.

Para 1864, en ci noreste, los refuerzos del cuerpo expedicionario francés se ponían en marcha tierra adentro por el puerto de Tampico. Escobedo recibió la noticia en Tabasco, adonde se había trasladado para realizar algunas gestiones para el Ejército de Oriente, y sintió la necesidad de salir a defender el territorio que comprendía los estados de Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila.

Para cumplir ia misión que él mismo se había impuesto, era necesario que se trasladara a Washington (EU), donde se encontraba Matías Romero, ministro plenipotenciario de México en esa ciudad, para comunicarle su deseo de iniciar la lucha en ci norte y que se informara de ello al presidente Benito Juárez. Se embarcó en Tabasco hacia Nueva York y de ahí se dirigió a Washington, en medio de aventuras y peligros debido a la Guerra de Secesión que atravesaba aquel país. Aun así, evadió los obstáculos y llegó ante Romero. Después de hablar con él y comunicarse por carta con Juárez, tuvo su aprobación: estaba listo para trasladarse a la frontera.

Al llegar a Brownsville, Texas, se hizo de recursos y algunos caballos, además se puso en contacto con sus amigos y antiguos compañeros de armas, los coroneles Nicolás Gorostieta y Francisco Naranjo; juntos emprendieron la marcha rumbo a Laredo, para de ahí llegar finalmente a Monterrey. Era una pequeña compañía formada por tres hombres con pocos recursos pero con muchos deseos de luchar contra el enemigo francés. Al llegar a territorio nuevoleonés, Mariano hizo un llamado a la defensa a los habitantes del lugar. Corría el año de 1865 e iniciaban las primeras operaciones del nombrado Ejército Republicano del Norte, dirigidas por Mariano Escobedo.

Al igual que en el resto del territorio nacional, la resistencia republicana en el noreste fue incansable. A pesar de que operaban oficiales franceses con un gran prestigio militar, la capacidad de Escobedo para organizar la campana fue notable y bajo su mando las fuerzas armadas republicanas dieron grandes triunfos a la causa liberal. Logró mantener la lucha, no obstante que el “ejército” era en realidad un conjunto de Guardias Nacionales integrado por sujetos con poco o ningún adiestramiento previo. Resolvía con cuanto estaba a su alcance la falta de recursos económicos y en varias ocasiones se encargó personalmente de comprar el armamento necesario para seguir la lucha. Por otra parte, enfrentó el reto de conciliar diferencias con los gobernadores de Coahuila y Tamaulipas, así como con sus jefes militares y políticos que en ocasiones se insubordinaban, como los tamaulipecos Juan Cortina y Servando Canales, cuyas pugnas por el control político de su estado pusieron en riesgo el éxito de la campaña (p^%#$).

A pesar de los conflictos que se presentaban, el año de i866 fue decisivo para la causa liberal; especialmente comenzaron los triunfos para los fronterizos. Los resultados favorables en las batallas de Santa Isabel, Coahuila, y Santa Gertrudis, Tamaulipas, tuvieron importantes repercusiones en el trayecto de la guerra. La batalla en Santa Gertrudis fue un golpe importante para Maximiliano de Habsburgo, ya que ocasionó la capitulación de las principales plazas que ocupaban los imperialistas en el noreste, especialmente las de Tamaulipas —que comprendían la de Matamoros con su aduana y el puerto de Tampico—, e inició la desocupación militar en este punto del país.

Con todo ello, Escobedo obtuvo en noviembre de ese año el grado de general de división; además, se ganó el reconocimiento no sólo de los republicanos y del Supremo Gobierno, sino también del enemigo. “Escobedo es hoy, el mejor apoyo militar con el que cuenta Juárez”, escribió el oficial francés Albert Hans pocos años después de la caída del imperio; “es una de esas personalidades militares y democráticas comparables a Garibaldi, pero en menores proporciones, cuya inteligencia, su experiencia en las guerras civiles, ambición y cuyo prestigio lo hacen más o menos formidable’

El oficial tenla razón, aunque no solo lo fue después del fin de la Invasión Francesa, sino durante ésta; el nuevoleonés fue de los mejores militares que tuvo el presidente de la República. En él tenía a un militar de toda su confianza, ya que era alguien que no ambicionaba el poder político, además de que había demostrado en numerosas ocasiones su capacidad para la administración y organización castrenses. Constantemente estaba en comunicación con Juárez para mantenerlo informado de cada movimiento que daba; también era un aliado suyo, como lo manifestó al darle su apoyo ante la disputa por la presidencia frente al general Jesús González Ortega (otro patriota honrado a carta cabal, por cierto), entre 1864 y 1865.

Por todo lo anterior, en la última etapa de la guerra contra el ejército imperialista, Juárez no dudó en entregarle el mando del ejército de operaciones, que comprendía las fuerzas de los estados de Querétaro, Guanajuato, San Luis Potosí, Zacatecas y Aguascalientes, además del que ya tenía como general en jefe del Ejército del Norte. Con el cargo iniciaba 1867, un año que sería decisivo para la causa liberal.


FRENTE A MAXIMILIANO

Para la batalla final del imperio, Maximiliano de Habsburgo se dirigió a Querétaro acompañado de los generales Tomás Mejía, Miguel Miramón, Ramón Méndez, Severo del Castillo, Leonardo Márquez y Santiago Vidaurri (@%$# traidor de mierda este último), quienes prepararon la plaza. Posteriormente llegó Escobedo con las fuerzas a su mando, las cuales superaban en número y adiestramiento a las del emperador. Además, cubrió la línea entre Querétaro y San Miguel de Allende (Guanajuato), así como el camino de la ciudad de México a Querétaro. Se sentía con mucha confianza y sabía que era el momento para acabar con la guerra y el imperio.

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Combate en el Cerro de San Gregorio ( Sitio de Querétaro, 14 de marzo de 1867)


El sitio inició el 8 de marzo de 1867. Por casi 70 días la ciudad sufrió no solo el fuego de la artillería, sino también el hambre y la falta de víveres, aunado a los cientos de heridos en las calles, lo cual conformaba una escena terrible. Sin embargo, los republicanos mantenían el ánimo, especialmente en el cuartel general. A principios de mayo el general en jefe sabía que era cuestión de días el apoderarse de la plaza, lo que sucedió a las tres de la mañana del 15 de mayo.

Sostener el sitio era ya imposible porque los republicanos atacaban por todos lados y habían llegado hasta el convento de la Cruz, donde se encontraba el cuartel general de Maximiliano. Ante la situación, el emperador, junto a algunos de sus oficiales, se trasladó al cerro de las Campanas, donde finalmente ocurrió su captura.
El momento de la aprehensión de Maximiliano tiene al menos dos versiones. Por un lado, la que señala que Escobedo llegó acompañado de algunos oficiales e hizo que ci coronel Jesús Fernández García recibiera la espada del emperador; otra versión más conocida y creíble es la que señala que la recibió ci general Ramón Corona, debido a su graduación militar y posición en ei ejército republicano.

La caída del sitio de Querétaro y la rendición de Maximiliano fue un tema muy discutido en su momento y lo sigue siendo. La supuesta traición de Miguel López hacia el emperador en una conferencia sostenida con Escobedo para entregar la plaza, hizo que las acciones realizadas por este general se vieran opacadas. Lo cierto es que además de evitar el derramamiento de más sangre, se mantuvo firme en sus decisiones y no permitió ninguna negociación, tal y como lo aclaró en un informe que salió a la luz en 1887 (publicado en el núm. 43 de esta revista), ya cuando los ánimos se habían calmado. Con la toma de Querétaro había caído ci imperio. El Supremo Gobierno ordenó que se iniciara un proceso judicial contra los principales prisioneros, es decir,  contra Maximiliano y los generales Tomás Mejía y Miguel Miramón, el cual concluyó con la sentencia de fusilamiento de los tres.

Desde el inicio del juicio, Escobedo tuvo la responsabilidad de cuidar que todo se realizara conforme a las órdenes que recibió de Juárez, no obstante que el recuerdo de un hecho de armas que tuvo lugar durante la Guerra de Reforma le daba vueltas en la cabeza.

En esa ocasión, la intervención de Tomás Mejía evitó que fuera fusilado, por lo que era el momento de pagar de igual forma la deuda moral que tenía con el general imperialista, pero éste le respondió que solo aceptaría el ofrecimiento si también se otorgaba el perdón al archiduque, petición que era imposible de cumplir. Finalmente, el 19 de junio de 1867 el emperador y sus dos principales generales fueron fusilados.


ADIOS A LAS ARMAS

Después de concluida la guerra con Francia, la vida política nacional entró en una nueva etapa de lucha interna por el control político, en la que Escobedo tuvo una participación discreta. Al finalizar el conflicto solicitó la separación del servicio militar con la intención de dedicarse a su familia y a las actividades campestres. No obstante, fue nombrado jefe de la 3era División del Ejército, que tendría como función principal defender las instituciones republicanas.

Como lo hizo a lo largo de su carrera, se mantuvo leal a Juárez hasta la muerte de éste en 1872; después apoyó la candidatura y el gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada. A diferencia de Porfirio Díaz, no ambicionaba el poder y mucho menos la presidencia. No obstante, incursionó en la administración pública cuando, en 1868, fue electo gobernador de San Luis Potosí, puesto para el que fue reelegido en 1872. Más tarde ocuparía otros cargos: fue senador por los estados de San Luis Potosí y Querétaro, así como el cargo de Ministro de Guerra durante el gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada.

En 1876 el ambiente político se convulsionó con la contienda por la presidencia de la República y el estallido de la revolución de Tuxtepec encabezada por el general Díaz, a la que Escobedo salió a combatir en Nuevo León y el Norte de Tamaulipas, aunque sin éxito.

Las disputas políticas que prevalecieron en las postrimerías del siglo XIX le trajeron importantes desavenencias con quienes años atrás habían sido sus compañeros de armas, especialmente con sus paisanos Gerónimo Treviño y Francisco Naranjo, quienes al tomar partido por Díaz se convirtieron en sus enemigos políticos. Con Treviño pudo limar asperezas y en 1882, cuando éste era ministro de Guerra, le invitó a formar parte de la comisión organizadora de códigos militares. Más tarde ocupó el cargo de presidente de la Suprema Corte de Justicia Militar.

El general Mariano Antonio Guadalupe paso los últimos años de su vida en una casa que tenía en Tacubaya, en la ciudad de México, donde vivía con su familia. Finalmente, la madrugada del 22 de mayo de 1902 dejó de existir el arriero de Galeana que hizo caer a un imperio. Descanse en santa y merecida paz.

Arriero: p****e gato pobre para los estándares actuales de nuestra honorable, hermosa y sacrosantísima casta divina que se encargaba de transportar mercancías sobre los lomos de un grupo de mulas.


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Bernal González, Celeste, “Mariano Escobedo, Héroe de Mil Batallas”, Revista Relatos e Historias de México, México, Año VI, número 67, Marzo de 2014, pág 40-49.
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Me da la desagradable sensación que si el general volviera vivir caeria instantaneamente muerto al ver a los descendientes neoleoneses.


Última edición por ivan_077 el Julio 26th 2014, 21:37, editado 3 veces

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"No hay mas diferencia entre los hombres que el vicio o la virtud" Jose Maria Morelos y Pavon.

No hay raza inferior; solo hay sujetos inferiores
Bendita se la muerte, porque a nadie le concede lo que no les da a todos los demas;alabada sea la muerte que se yergue piadosa ante el hombre que ha cumplido su deber.
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Re: El arriero de Galeana que hizo caer un Imperio

Mensaje por ivan_077 el Julio 19th 2014, 21:31


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15 de mayo de 1867 : El Gral. Mariano Escobedo recibe de manos de Maximiliano de Habsburgo su espada en señal de rendición. Un mes más tarde el 19 de junio ,Maximiliano de Habsburgo y los Generales Tomás Mejía y Miguel Miramón son fusilados en el Cerro de las Campanas , Querétaro, juzgados de acuerdo a la ley del 25 de enero de 1862.

PROCLAMA :

Mariano Escobedo, general de la República Mexicana en Jefe del Cuerpo de Ejército del Norte y mandando las tropas sobre Querétaro.

A vuestro valor, constancia y sufrimientos debe la República uno de sus triunfos, la mayor que se ha obtenido en la larga lucha que la Nación ha sostenido contra los invasores y sus cómplices. La ciudad de Querétaro, el más fuerte baluarte del Imperio, después de una heroica resistencia de dos meses, digna de mejor causa, ha sucumbido. Fernando Maximiliano, el titulado Emperador, Miramón, Mejía, Castillo y un sinnúmero de generales, jefes y oficiales con toda la guarnición son nuestros prisioneros.

Faltaría a mis deberes de soldado, y traicionaría mi conciencia de hombre libre, de mexicano leal si callara vuestros heroicos hechos, y vuestros más heroicos sacrificios. Con la fe del soldado que defiende la independencia, sin alimentos y muchas veces sin cartucho, desafiabais la muerte combatiendo sin cejar, con numerosas tropas de traidores y extranjeros , provistas con toda clase de elementos de guerra, perfectamente fortificadas y mandadas por los mejores generales del antiguo ejército que por desgracia faltaron a sus deberes aliándose con los invasores, y sosteniendo hasta la última hora al extranjero, que otro extranjero, el emperador de los franceses, quiso colocar en un trono erigido con las bayonetas de sus soldados; pero éstos ya no existen , sus restos han huido a Francia a ocultar sus vergüenza, cargando con las maldiciones de todo un pueblo, y llevando la triste nueva de que más de una mitad de sus camaradas pagaron con su sangre los caprichos de su amo.

COMPAÑEROS DE ARMAS: - Nada importa que hombres ambiciosos, aspirantes de mala ley, hayan querido disfrazar vuestros hechos; la veraz historia colocará a cada uno en el lugar que le corresponde y ni los enemigos de la República, ni los que quietos permanecieron en los lugares ocupados por los invasores, contemplando indiferentes su desgracia, se sobrepondrán a los que como vosotros habéis combatido sin tregua ni reposo por los sagrados principios de la Independencia y Libertad.

SOLDADOS.- En nombre de la República y del Supremo Gobierno, os felicito con toda la efusión de mi alma, y consecuente con el programa que me he trazado, seguiremos hasta finalizar la paz y el orden, y con ellos el provenir de nuestra patria.

¡Viva la República! ¡Viva la Independencia Nacional! Cuartel General en la Purísima, frente a Querétaro, Mayo 15 de 1867.- MARIANO ESCOBEDO

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Última edición por ivan_077 el Julio 19th 2014, 21:38, editado 1 vez

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Re: El arriero de Galeana que hizo caer un Imperio

Mensaje por ivan_077 el Julio 19th 2014, 21:38


Combate en el Cerro de San Gregorio ( Sitio de Querétaro, 14 de marzo de 1867)



Hacienda de Alvarado, marzo 14 de 1867.

Señor Presidente don Benito Juárez
San Luis Potosí

Muy estimado señor mío:

Hoy hemos tenido un combate reñidísimo de ocho horas; nos propusimos hacer un reconocimiento con fuerzas, muy formal y cuando acordamos nos comprometimos en este combate que seguramente ha sido el más reñido que he tenido en toda la campaña.

Hemos conseguido en este hecho de armas imponerle respeto al enemigo, por las de la República, ganarle las posiciones del cerro de San Gregorio que ahora son las de una parte de nuestro ejército y causarle, en muertos, heridos y dispersos, una pérdida muy considerable. Nosotros también hemos tenido pérdidas; pero incomparablemente menores que las del enemigo.

Luego que recoja los partes de todos los jefes de los puntos, formaré para remitir al ministerio el general de esta acción. En la aproximación una de otra en que han venido a colocarse las dos fuerzas, los combates van a ser continuados, hasta que terminen con la pérdida de una y el triunfo de la otra.

El que hoy hemos tenido puede decirse que se ha suspendido solamente por el cansancio y por haber venido la noche, para continuarlo mañana que veremos y habremos descansado. El general Antillón se ha portado de una manera que todos hemos admirado.

Con 200 tiradores a vanguardia ocupó él primero el cerro de San Gregorio y heroicamente lo sostuvo hasta que otras fuerzas llegaron a apoyarlo y siguió con el mismo valor hasta que la noche vino a poner término al combate.

Rindo un tributo a la justicia haciéndole a usted esta manifestación. Estoy muy contento del señor Antillón por lo bien que se ha portado. Desde las cinco de la mañana ando a caballo y en un trabajo activísimo. A las doce de la noche he venido del campo a esta hacienda, solamente porque aquí tenía cosas que hacer que no me era posible evacuarlas allí y para volverme dentro de un rato. He venido a las doce de la noche. Son por esto mis cartas muy pocas y muy lacónicas.

Mañana o tan luego como las circunstancias me lo permitan, tendré la honra de escribirle a usted más extensamente.

Soy de usted muy atento y muy obediente servidor que atento b. s. m.

Mariano Escobedo

Fuente: "Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia" -Jorge L. Tamayo.
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Re: El arriero de Galeana que hizo caer un Imperio

Mensaje por ivan_077 el Julio 19th 2014, 21:39


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Última edición por ivan_077 el Enero 17th 2015, 01:04, editado 2 veces

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Re: El arriero de Galeana que hizo caer un Imperio

Mensaje por Lanceros de Toluca el Agosto 2nd 2014, 21:25

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