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Pedro Vander Linden, un belga al servicio de nuestra nación

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Pedro Vander Linden, un belga al servicio de nuestra nación

Mensaje por ivan_077 el Junio 7th 2014, 13:31




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Una imagen dice más que mil palabras.


GERARDO DÍAZ*


Originario de Bélgica, el doctor Pedro Vander Linden adoptó a México como su nueva patria. Al estallar la guerra contra Estados Unidos, se hizo cargo del Cuerpo Médico Militar Nacional. Hoy es famoso por el daguerrotipo que lo muestra luego de una cirugía en el campo de batalla; sin embargo, esa imagen seria usada en su contra cuando fue acusado de deserción.


A lo largo de nuestra historia han llegado al país seres humanos de calidad intelectual impresionante. Muchos de ellos han sido forjados por nuestros propios centros de estudios, pero otros han decidido compartir con nosotros sus saberes y experiencias adquiridas en el extranjero, e incluso han elegido con gusto y agradecimiento a México como su nuevo hogar y patria permanente hasta el final de sus días.


Ta! es la historia de! doctor Pedro Vander Linden, quizá uno de los casos más anecdóticos que tenemos registrados, pero también de !os más olvidados. Esto probablemente por ser un médico militar en un tiempo en el que el ejército se destacó más por sus incontables enfrentamientos en el campo de batalla a fin de fortalecer políticos y por la generación de héroes combatientes, que por sus contribuciones pacificas a la sociedad civil.

Por documentos oficiales se conoce que el general Vander Linden nació en Bruselas, Bélgica, en 1804. Sus estudios los realizó en la Universidad de Bolonia (Italia), donde en 1826 obtuvo el grado de licenciado en Medicina y un año más tarde el de doctor. En 1828 destaca su traslado a Paris, ciudad que le concede igualdad entre los doctores franceses y en donde es nombrado medico suplente del cuartel número seis. En esas fechas inicia su participación como médico militar, tarea bastante propicia para su desarrollo como cirujano en una época en la que existía una división muy notable entre esos estudios y la medicina. Luego de su estadía en Francia y al comienzo de su aventura americana, obtendría en México el aval académico de cirujano, en 1835.


En nuestro país sus andanzas lo llevan a establecerse en la ciudad de Guadalajara. Ahí se adaptó muy bien a la sociedad y destacó prontamente entre la comunidad médica, pues para 1840 su currículo ya destacaba con puestos como director del Hospital de Dementes, catedrático en medicina operatoria, clínica y obstetricia en el Hospital de Belén, miembro de la Academia de Medicina de México y, quizá los más importantes, Inspector del Cuerpo de Salud Militar e inspector general del Cuerpo Médico Militar.


El ejército mexicano valoró muchísimo Ia voluntad del médico belga, pues además de su iniciativa organizativa e instructiva para el cuerpo médico, se le consideró un elemento primordial en los accidentes de combate dada su habilidad para el tratamiento de las heridas de esta naturaleza y, sobre todo, por su conocimiento de las Últimas técnicas de amputación, aprendidas seguramente en el transcurso de su estadía como cirujano militar en Francia.


Y no es de extrañarse, pues a pesar de ser una de las operaciones más antiguas de la historia, representada desde los textos de Heródoto hasta los instructivos ilustrados de torniquete del siglo xix, era un complejísimo procedimiento en el frente de batalla, donde no habla garantía de seguridad ni el tiempo para una atención personalizada de los doctores a sus pacientes. Por ello Vander Linden se las arregló para instruir a sus cuerpos sobre el proceder ideal en los cortes, tipos de astringentes y el mejor tipo de cicatrización de acuerdo con el trauma recibido.


Humanitarismo en la guerra

Es en este tipo de situaciones que Vander Linden nos legó uno de los relatos más significativos de un médico mexicano en el frente. Fue en la dolorosa campana contra el ejército estadunidense en 1847. Ahí es en donde más destacó el trabajo del cuerpo médico nacional con sus característicos puestos rudimentarios de atención en vanguardia y retaguardia. Después de haber participado en los combates de Ia Angostura, Coahuila, en febrero de ese año, y tras una cantidad considerable de kilómetros en retirada, sin escolta ni víveres, hasta San Luis Potosí, marcharon hacia Veracruz.


El episodio de Cerro Gordo, Veracruz, fue la graduación de los noveles cirujanos y sus asistentes, quienes cargaron con todo el peso del deber hasta la derrota de las armas nacionales. El 17 de abril de 1847 “fue preciso bajar inmediatamente a socorrer a esos infelices. A las siete de la noche ciento treinta y tres heridos habían llegado a mi ambulancia, de los cuales ciento tres estaban ya curados, habiendo amputado cinco y sacado treinta y una balas”.


Ese panorama fue peor al día siguiente, cuando, a punto de la retirada de las fuerzas nacionales, es de su conocimiento que el sargento Antonio Bustos recibió un impacto severísimo en su pierna, la cual le fue prácticamente arrancada. Vander Linden empezó a cortar las carnes del paciente, “cuando una lluvia de balas hizo retirar a toda nuestra caballería...pero el honor no nos permita abandonar al sargento semi amputado a pesar de que nuestra suerte parecía inevitable. Seguí ejecutando los varios tiempos de mi amputación, en medio de las balas y de los gritos enemigos, y por fin terminó aquella operación que me pareció haber durado un siglo”.


De pronto recordó que no estaba en un elegante hospital y que su tarea probablemente no serviría de nada, pues la vida de todos podría terminar en el acto, cuando se presentaron varios soldados estadunidenses, quienes “viendo nuestros uniformes gritaron: ¡mueran los oficiales mexicanos! ( Nota: Me parece más probable que hayan dicho “Kill the fucking greasers!’ Dirigiendo sus fusiles sobre nuestros pechos; e ignoro qué sentimiento influyó en la decisión que tome, de lanzarme al frente de sus rifles, ensenándoles mis manos goteando de sangre y el pedazo de pierna mutilada, gritándoles:


“Respetad la humanidad, o un hospital de sangre; somos cirujanos”. Para sorpresa del doctor Pedro, un oficial estadunidense observó la escena y no solo impidió la masacre, sino que se esforzó por que se atendiera también a sus hombres heridos.


De acuerdo con historiadores de la fotografía, este hecho y su narración es único en su tipo, ya que se encuentra respaldado por un elemento grafico moderno: un daguerrotipo. No se sabe si la toma es inmediata a la operación o fue montada varias horas después; lo que es evidente es que la escena original impacto al operador de la cámara, quien solicitó reproducirla para la posteridad. En ella se aprecia a Vander Linden de pie sosteniendo con la mano izquierda el miembro amputado, mientras unas bayonetas se atraviesan; al sargento Bustos convaleciente y sostenido por dos soldados mexicanos.. y a un militar estadunidense mostrando la pierna cercenada de su colega de armas.


Este hecho fué muy difundido en la época y al doctor Pedro se le acusó de traidor y desertor en el ejército mexicano. Es por ello que al finalizar la guerra presentó los recursos legales para defenderse de la acusación junto con orgullosos y sólidos argumentos:


“Quien podrá sostener siquiera un solo momento, que he faltado a mis deberes como inspector, puesto que jamás he abandonado a los heridos, de los cuales en este momento aún tengo a mi cuidado cerca de cuarenta? [... nos vimos abandonados a Ia generosidad del vecindario, a quien debo tributar aquí, en obsequio de la justicia, las más expresivas gracias por los recursos de todas clases que nos proporcionó, hasta que el supremo gobierno se acordó de nosotros {...] tampoco la mancha de la cobardía puede alcanzarme puesto que siempre he sido de los últimos en dejar los campos de batalla, cayendo algunas veces prisionero en medio de las balas, viendo huir, como en Cerro Gordo, generales y soldados”.


Los altos mandos consideran la injusticia cometida contra el médico y es reinstalado con su grado y antigüedad intactos. Después de la Invasión de los Perros, continua al servicio de la mejoría de los cuerpos sanitarios, promoviendo el sentido humanitario de que ésta se realizara tanto en época de paz como en la guerra y sin distinción de bandos, a la vez que redacta una cantidad significativa de artículos de traumatología.

Siempre activo en los frentes de batalla, muere de tifo el 10 de noviembre de 1860, tras participar a favor de la causa liberal con las fuerzas del General Jesús González Ortega. Sus restos fueron depositados con todos los honores (como debía de ser, faltaba más) en el panteón de San Fernando, para descansar junto a los hombres más entregados a la Santa Madre Anáhuac, a México, y a la Nación.


Sacado de la Revista Relatos e Historia de México. Se les conmina a no ser ojetes y comprar la Revista.


Última edición por ivan_077 el Junio 7th 2014, 13:39, editado 1 vez

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Re: Pedro Vander Linden, un belga al servicio de nuestra nación

Mensaje por ivan_077 el Junio 7th 2014, 13:37

a quien le interese puede darle un vistazo a este documento titulado pedro vander linden y la reforma de la enseñanza de medicina en Guadalajara.
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Re: Pedro Vander Linden, un belga al servicio de nuestra nación

Mensaje por Lanceros de Toluca el Junio 8th 2014, 21:28

La correcta grafia de ese apellido es "Van der Linden" (se traduce algo asi como "de los Linden" que no se si se refiera a un pueblo que se llama Linden, o si esa palabra significa otra cosa. Solo para que esten atentos con ese detalle. Excelente aporte.

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Re: Pedro Vander Linden, un belga al servicio de nuestra nación

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